Reflexiones sobre el futuro de la comunicación científica en las redes
La AEC2 se ha reunido con profesionales de la comunicación (de Ubik Media, ACCC, CSIC, Fecyt, Science Media Center, El País, elDiario.es, CNIO) y con el investigador en redes sociales Ignacio Castro y fruto de ese debate son estas conclusiones: Twitter, ahora X, ha dejado de ser el lugar que una vez congregó a científicas, científicos, periodistas y profesionales de la divulgación para compartir conocimiento y debatir ideas. El espacio que, durante años, fue el epicentro de la conversación científica se ha convertido en un entorno hostil, donde los insultos y ataques hacia personas académicas y divulgadoras son cada vez más frecuentes y donde la polarización está erosionando la capacidad de usar esta red como un puente entre ciencia y sociedad.
Con esta preocupación en mente, varias y varios profesionales de la comunicación científica —de la ciencia, el periodismo y la divulgación— decidimos reunirnos para reflexionar sobre nuestra presencia en esta red. Si Twitter/X ya no cumple con ese propósito, ¿es momento de buscar nuevas alternativas? Si decidimos movernos, ¿cómo y hacia dónde lo hacemos?
El debate dejó claro que las decisiones sobre el uso de redes sociales no son iguales para todos. Aunque la mayoría nos enfrentamos al dilema de si permanecer en X o dar el salto definitivo a nuevos espacios, desde las instituciones científicas y centros de investigación, hasta periodistas y divulgadores, cada uno enfrenta esta transición desde sus propias necesidades.
Para algunos, irse implica una pérdida irremediable de conexiones y del trabajo acumulado (aunque las métricas y las interacciones a menudo reflejen un bajo impacto). Para otros, X sigue siendo un campo de trabajo indispensable. Allí es donde ocurre la desinformación y abandonar la plataforma podría significar ceder el terreno. Las instituciones científicas pueden contemplar esto desde su responsabilidad para con la ciudadanía.
Sin embargo, hay quienes creen que el trabajo realizado hasta ahora en X no debe condicionarnos para quedarnos en un espacio que, en esencia, ya no nos representa ni nos sirve. Para estos últimos, dejar Twitter se presenta como una oportunidad de empezar de nuevo.
De hecho, una parte del debate giró en torno a un aspecto esencial: la ética. Permanecer en X no es sólo una cuestión de estrategia o alcance, sino también de valores. Sentimos que continuar en una plataforma que ha normalizado discursos de odio, fomentado la polarización y erosionado el respeto por el debate público atenta contra principios fundamentales de la divulgación científica y la comunicación responsable.
No se trata sólo de números o métricas, sino de coherencia. ¿Cómo podemos fomentar el pensamiento crítico y combatir la desinformación mientras contribuimos con nuestra actividad a legitimar un espacio que refuerza dinámicas opuestas? Para la mayoría, esta incoherencia es razón suficiente para abandonar X, independientemente de las pérdidas reales en alcance e interacciones.
¿Y, entonces, a dónde vamos?
Algunos ya han comenzado a experimentar alternativas. Una de las plataformas que más interés ha despertado es Bluesky, un espacio que, a primera vista, promete recuperar la esencia perdida: un entorno más humano, menos ruidoso y mejor moderado, donde las conversaciones sean respetuosas y significativas. De momento, es una red que sirve muy fácilmente la información, que pone al usuario muy en contacto con los contenidos del mundo.
No obstante, el entusiasmo por Bluesky viene acompañado de desafíos. Aunque resulta ideal para construir comunidades especializadas, como la científica, su alcance es limitado, lo que dificulta conectar con públicos más amplios. Además, existe el riesgo de que se convierta en una cámara de eco, donde sólo se escuchen las voces ya convencidas. Algunas personas expresaron en el debate su preocupación ante la posible endogamia.
A pesar de las reticencias y los distintos puntos de vista, hay algo que compartimos: la necesidad urgente de recuperar el sentido de comunidad y de replantear cómo y dónde compartimos conocimiento. Recientemente, muchas hemos optado por duplicar contenido en diversas redes, manteniendo presencia activa tanto en X como en Bluesky. Sin embargo, ¿tiene sentido este esfuerzo adicional? Continuar replicando contenidos puede ser una solución temporal, pero no elimina la necesidad de decidir estratégicamente qué plataforma priorizar y cómo queremos construir nuestra presencia digital a largo plazo.

Si llegamos a alguna conclusión, fue que este proceso no será sencillo ni inmediato, pero sí es necesario. No se trata sólo de movernos de una plataforma a otra, sino de repensar cómo nos adaptamos al entorno digital cambiante sin perder de vista nuestro propósito principal: llevar la ciencia al centro del debate público.
En cualquier caso, el consenso general es claro: es necesario educar y apoyar a la comunidad científica durante este proceso de transición. Twitter, o X, ya no es lo que era y no tiene por qué serlo. Lo que construimos allí fue valioso, pero no insustituible. La pregunta entonces es: ¿dejamos la plataforma sigilosamente o dando un portazo? ¿Nos vamos de golpe o poco a poco? Aunque no hay unanimidad en cómo hacerlo, hay acuerdo en que el cambio es inevitable. Nos toca decidir, con estrategia y valentía, hacia dónde llevamos estas conversaciones y cómo aseguramos que sigan siendo relevantes, accesibles y, sobre todo, humanas.
Algunas de las propuestas finales fueron ‘no nos casemos con nadie’, contémoslo cuando nos vayamos de X y continuemos este debate en Bluesky.
[Texto conjunto de las personas reunidas el 11 de diciembre de 2024 en Espacio Converge de CSIC: Maite Guilera, Miriam Rivera, Silvia Bravo, Eva Loste, Javier Armentia, Carmen Serrano, Laura Rodríguez, Carmen Guerrero, Jaime Pérez, Ignacio Castro, Carmela Ríos, Antonio Martínez, Mónica G. Salomone, Cintia Refojo y Pampa García Molina]


Un comentario
Ya esta es tarde.