Por Cintia Refojo
Una canción de amor cuántico nos introdujo al X Congreso de Comunicación Social de la Ciencia celebrado en Palma a finales del mes pasado. Un evento organizado por la Asociación Española de Comunicación Científica y la Universitat de les Illes Balears bajo el lema ‘Comunicación Creativa de la Ciencia’.
Dicen que el comienzo de la creatividad es la imitación. Necesitamos aprender a hacer cosas, tomar prestado de los demás, antes de crear algo nuevo. Hubo oportunidad de inspirarse con alrededor de 250 propuestas en forma de comunicaciones, posters, talleres, conferencias y mesas redondas. El FOMO en su máxima expresión.
La ficción, el arte y el entretenimiento nos mostraron su potencial creativo como herramientas para la comunicación científica. La unión de disciplinas crea espacios híbridos —’un tercer espacio’— lugares de experimentación que invitan a quedarse, observar y repensar cómo contamos la ciencia.



El mundo de la publicidad aportó otra mirada útil: la de recordarnos que, a menudo, transmitir información no basta. Conectar a través de las historias, las emociones, el humor o el asombro —como el que experimentamos en su día ante ese punto azul pálido que puso en perspectiva nuestro lugar en el cosmos— puede lograr el paso
más difícil: transformar la comunicación en una llamada a la acción. Esa llamada se materializó en forma de Divulgatón donde, a través de la colaboración, profesionales de la comunicación, la divulgación, el periodismo, la educación no formal y la investigación se reunieron para imaginar juntos nuevas formas de comunicar ciencia.

Hablar de la importancia del territorio y de quienes lo habitan cobra un significado especial cuando lo hacemos desde una isla. La comunicación local no solo nos permite apoyarnos en lenguajes, códigos y experiencias compartidas, sino también conectar con las preocupaciones e intereses de las comunidades. Como recordaron los ponentes de la mesa, los nuevos medios han permitido que esa comunicación pueda llegar también a todo el mundo y conectar con lo global. Puede que el mejor ejemplo de ello fuese el mural de Pelopantón que nos acompañó durante el congreso. Un mensaje nacido en un entorno concreto —el del sufrimiento del pueblo palestino— puede resonar en muchos otros lugares.
La comunicación científica en situaciones de emergencia ocupó también un espacio significativo, coincidiendo con el primer aniversario de la DANA en la Comunidad Valenciana. Una sesión para hablar de la que tal vez sea la comunicación más necesaria y, también, la de mayor responsabilidad debido a su potencial impacto. Una comunicación ya de por sí compleja, a la que se le suman retos como la incertidumbre, la desinformación y la instrumentalización política. Podría haberlos escuchado toda la tarde.
No faltaron los espacios para la reflexión, como el que tuvimos para hablar de la relación entre comunicación y confianza. ¿Debemos esperar confianza del público o trabajar en ser más confiables? Una conversación que abrió preguntas para seguir pensando.
No todo fue autocomplacencia, también hubo espacio para la crítica (¿un signo de la madurez de la profesión o solo de su carácter?). Desde el ingenioso comentario de Fernando Simón, que consiguió aunar crítica, humildad y sentido del humor para afear la presencia de las terribles botellas de plástico que llenaron el congreso, hasta reivindicaciones de las condiciones de la profesión, el riesgo de caer en el elitismo, la falta de apoyo al periodismo especializado, la visión paternalista de los públicos o el cientificismo. Pero sin duda, la mayor reflexión autocrítica vino de la mano de Naomi Oreskes, quién impartió una conferencia de clausura en torno a la importancia de reconstruir la confianza en la ciencia desde dentro.



No quiero olvidarme de los cafés, los pasillos, el programa cultural y los encuentros fugaces entre charla y charla que, además de propiciar reencuentros y presentaciones, fueron el lugar donde se tejió buena parte de la inspiración.
Decía el neurólogo y escritor Oliver Sacks que lo importante no es el hecho de tomar prestado o imitar, sino qué hacemos con lo que tomamos prestado. Cómo lo asimilamos, lo combinamos con nuestras propias experiencias, pensamientos y sentimientos para expresarlo de una manera nueva, propia, es donde reside la creatividad. Estoy deseando verlo en el próximo congreso.


