¿Cómo se veía la ciencia en la Edad Media?

¿Cómo se veía la ciencia en la Edad Media?

Por Victoria Rodríguez, presidenta de la Asociación de Divulgación Científica de Alicante

La Edad Media es esa era que, como su nombre indica, está en medio. En medio de la Edad de los Metales y el Renacimiento. Una época con muy mala imagen: oscura, gobernada por la superstición, el miedo, la religión.
Medieval, ese adjetivo que usamos para describir algo antiguo, atrasado, incluso que va en contra de los derechos.

Sin embargo, la realidad es bien distinta: se trata de un periodo histórico de diez siglos mucho menos vacío de lo que se piensa. En su libro, ‘La luz de la Edad Media. La historia de la ciencia medieval’, Seb Falk nos cuenta un poquito de cómo se veía la ciencia por aquellos tiempos.

Interés por el conocimiento

Palabras relacionadas con Edad Media: lucha, reyes, religión, oscurantismo, magia… ¿ciencia? Esta última no suele ser la que se nos viene a la cabeza. Pero la época medieval fue un momento lleno de avances y de interés por el conocimiento. El problema es que pensamos que la única manera de hacer ciencia es la hoy en día; nuestra imagen mental de un científico es la actual: en un laboratorio, con bata o en el simulador de partículas. La imagen de la persona de ciencias en la Edad Media era la del monje. Y así empieza nuestra historia, con el monje John de Westwyk. 

Seb Falk nos habla del documento la Equatorie, cuya autoría tardó muchos años en descifrarse y que finalmente se otorgó a John de Westwyk. Nuestro protagonista no es nadie notorio, de hecho solo lo conocemos por ese trabajo. No obstante, es el claro ejemplo de una persona dedicada al conocimiento en la época medieval. Falk nos presenta el mundo de la Baja Edad Media a través de los ojos y las rutinas de un monje benedictino en la abadía de San Albano en Inglaterra. John recorrerá la biblioteca de esa abadía y de otras, se embarcará en un viaje hacia el norte y querrá emprender una cruzada, con la temeridad propia de la juventud. Se interesará por la astronomía y por los saberes de la época; leerá a Ptolomeo, Aristóteles y a un contemporáneo, Geoffrey Chaucer; y, finalmente, escribirá la Equatorie. 

John Westwyk es nuestro modelo de científico —o filósofo natural— de la época: de familia de clase baja que logró entrar al monasterio. Su principal tarea era la de copista, es decir, copiar los textos que ya existían. Entrar a un monasterio era un lujo que ofrecía aprendizaje y cultura. Estos lugares eran, por tanto, el centro del conocimiento; y en aquellos tiempos, para la religión, la comprensión del funcionamiento del mundo era la comprensión de Dios. A través de Westwyk, Falk recorre las materias y la forma de aprenderlas de la Edad Media: aritmética, astronomía, astrología, matemáticas, arte, tecnología.

El autor también nos muestra imágenes de manuscritos y nos enseña cómo se usaban los instrumentos de la época: el ábaco, el astrolabio y el albión. Asimismo nos recuerda la importancia de la copia de los manuales de uso, del aprendizaje tácito, esa parte de la historia que nunca llegaremos a recrear al 100%; y del uso diario de las materias que los monjes debían cursar: la astronomía, para conocer el trascurso de los días y los meses; las matemáticas, para las cuentas; la lectura y escritura, para no evitar la pérdida del conocimiento, depositado en los libros de las bibliotecas durante siglos y para honrar a Dios con la oración. Disciplinas que hoy en día encuadramos en las ciencias, pero que comenzaron en esos tiempos, con el único deseo mundano de entender.

También nos habla de la Iglesia y de su relación con el saber, de cómo fue cambiando y haciéndose más estricta a medida que la Edad Media terminaba y se acerca el periodo de la luz y la razón. Nos narra las cruzadas, y la ciencia oriental, sobre todo la islámica y la judía y cómo estas sirvieron de base para la occidental.

En resumen, este libro es un golpe de realidad: la Edad Media no fue un periodo de oscuridad, magia y superstición, sino que podemos encontrar —y empatizar— con el mismo sentimiento de interés por lo desconocido: curiosidad y necesidad de entendimiento.

Diez siglos en casi 500 páginas

El libro es muy completo y, aun así deja bastantes temas sin tocar, como la gran participación de las mujeres —muchas de ellas religiosas— en la ciencia de la Edad Media, sobre todo relacionada con el arte del parto: parteras, comadronas, matronas. Tampoco explica la diferencia entre magia blanca, magia negra, superstición y filosofía natural.  Sin embargo, es bastante difícil resumir un periodo de diez siglos en apenas 500 páginas.

Finalmente, a pesar de ello, consigue hacer llegar el mensaje: la ciencia en la Edad Media existía; las personas de esa época no eran distintas de nosotras, no era ignorantes que creían que el Sol giraba alrededor de la Tierra porque había un gran atraso y la Iglesia se negaba a dejar avanzar la ciencia, sino que veían lo que había y lo
intentaban descifrar como podían. Actualmente, podemos creer que la ciencia lo ha descubierto todo, pero hace apenas 60 años que supimos cómo era la molécula de ADN —descubrimiento posterior a la Equatorie de John Westwyk, en el mismo edificio de Cambridge. Creemos en la ciencia actual de manera ciega, orgullosos de lo que sabemos, exactamente igual que las personas de la época medieval.

La única pega del libro, si hay que decir alguna, es la cantidad de información que tiene, alguna demasiado técnica si no se ha estudiado eso en específico, y con eso me refiero a la astronomía: entender el funcionamiento del astrolabio —instrumento del que hemos oído tanto hablar y que parece tan fácil de usar— nos confirma que las personas de la Edad Media tenían un conocimiento muy avanzado de la física de los cielos y seguían a la perfección su movimiento. 

Así que, si quieres cambiar tu percepción del científico medieval te recomiendo este libro. A pesar de lo denso que puede ser a veces, Seb Falk consigue conectar cada tema, a la vez que nos muestra la vida diaria y cotidiana de un monje, de manera que podemos, al final, crear un enorme mapa de ideas interrelacionadas para comprender la Edad Media como un gran periodo. Y no hay que quedarse aquí: el autor recomienda una gran cantidad de lecturas y fuentes de información variadas que merece la pena visitar. Así, ¡a ello!

Nº de páginas: 432
Editorial: Ático de los libros
Año de primera edición: 2024
Idioma original:  inglés
Autor: Seb Falk

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