¿Por qué esperar? Indignémonos

¿Por qué esperar? Indignémonos

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Discutíamos hace unos días en las redes sociales si la Ley de la Ciencia será suficiente para garantizar una adecuada cultura científica y tecnológica. La pregunta la lanzó con acierto Almudena Timón, responsable de Comunicación y Marketing del Centro de Investigación del Cáncer de la Universidad de Salamanca, abriendo un debate fundamental si queremos aprovechar la oportunidad que representa el nuevo marco jurídico.

Detallaba en su pregunta Almudena el artículo 38 de la nueva Ley:
Artículo 38. Cultura científica y tecnológica.
1. Las Administraciones Públicas fomentarán las actividades conducentes a la mejora de la cultura científica y tecnológica de la sociedad a través de la educación, la formación y la divulgación, y reconocerán adecuadamente las actividades de los agentes del Sistema Español de Ciencia, Tecnología e Innovación en este ámbito.
2. En los Planes Estatales de Investigación Científica y Técnica y de Innovación se incluirán medidas para la consecución de los siguientes objetivos:
a) Mejorar la formación científica e innovadora de la sociedad, al objeto de que todas las personas puedan en todo momento tener criterio propio sobre las modificaciones que tienen lugar en su entorno natural y tecnológico. b) Fomentar la divulgación científica, tecnológica e innovadora.
c) Apoyar a las instituciones involucradas en el desarrollo de la cultura científica y tecnológica, mediante el fomento e incentivación de la actividad de museos, planetarios y centros divulgativos de la ciencia.
d) Fomentar la comunicación científica e innovadora por parte de los agentes de ejecución del Sistema Español de Ciencia, Tecnología e Innovación.
e) Proteger el patrimonio científico y tecnológico histórico.
f) Incluir la cultura científica, tecnológica y de innovación como eje transversal en todo el sistema educativo.

Las posibilidades se revelan como infinitas, pero ¿está garantizado el desarrollo normativo de este artículo? ¿entenderán los gobiernos autonómicos la oportunidad de fomentar la divulgación como generador de una verdadera cultura científica?  Mucho me temo que el contexto político y económico del momento no parece el más adecuado para obtener respuestas afirmativas a ambas cuestiones. Y, sin intención alguna de instalarme ni acampar en el desánimo,  planteo ¿qué podemos hacer desde la comunicación científica para contribuir a ese desarrollo normativo? ¿por qué esperar a que sean las diferentes administraciones quienes lo resuelvan? ¿por qué no lanzar nuestras propias propuestas? Hay demasiada gente en la calle hablando como ciudadanía responsable. Unámonos a ella.

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