Una provincia, un “cientifista”

Una provincia, un “cientifista”

Durante el tiempo que me dediqué día y prácticamente buena parte de la noche al periodismo local y provincial siempre tuve la sensación de que la especialización en esta profesión tarde o temprano acabaría muriendo o, a pequeña escala, perdería razón de ser.

Todos los indicios con los que me iba encontrando a medida que pasaban las semanas, meses, me decían todo lo contrario. Periodistas deportivos, periodistas políticos, periodistas del corazón, periodistas económicos… Si bien es cierto, yo apostaba por uno algo más rebuscado: El periodista científico, aunque en verdad nada rebuscado si comparamos con “especies” como “el periodista de belleza” o el más variopinto “periodista de caza y pesca” (muy loable, todo sea dicho), que también existen.

El paso del tiempo -en la escala en la que me movía- me iba dando la razón. Medios de comunicación escasos en presupuesto; medios altamente dependientes de la publicidad institucional y, poco o nada competitivos en el aspecto comercial, más por falta de motivación que de medios, quizás, eran el pan nuestro de cada día. Y, como presagiaba, la especialización tendía a desaparecer. Evidente. Mediocridad.

El periodista de un medio humilde, de una pequeña publicación gratuita comarcal, ha de saber escribir e incluso fotografiarlo todo. Da igual si hay que informar sobre vendetas políticas, descalabros deportivos o crónica festiva. No hay especialización para los pobres.

Con el paso de los años servidor ha comprendido que la especialización es algo necesario en una sociedad bien estructurada, con cimientos sólidos, que busca crecer y no solo cuantitativamente, también cualitativamente, en calidad. La experiencia es un grado. Claro.

Por eso, desde 2008 aposté por hacer (altruistramente) periodismo científico, buscando la especialización en un área del saber que, con el perdón de las creencias, reporta sosiego, bienestar y tranquilidad a la razón y, por qué no, también al espíritu, alma o como quiera llamarse aquello que nos distingue de… las plantas (por ejemplo, además de la razón).

Mi pequeña parcela dedicada a la divulgación, como alguno de los que lectores sabrán, se centra en el programa de radio El Cinturón de Orión; nuestra casa. Divulgación científica y de la astronomía, la más bella e inalcanzable de las ciencias de nuestro mundo y más allá.

Me reencontraba hace pocos días con un ex compañero del patronato municipal de Cultura del Ayuntamiento de Alicante. Me pidió que le acompañara a la sede de la Asociación de la Prensa de Alicante. Tocaba renovar cuotas.

En su momento, estando en activo, tuve la voluntad de formar parte de esta asociación, aunque debido a las circunstancias que me rodeaban nunca llegué a completar los trámites que eran requisito. Y no pedí ingreso.

En mi regreso hace pocos días a la sede de la APA me vino de nuevo el gusanillo por formar parte de este colectivo, el de periodistas alicantinos, que a buen seguro carecerán de un miembro-asociado especializado en lo que a la ciencia se refiere. Y me surgió esta idea.

Quiero proponer un reto: “Una provincia, un cientifista”, es decir, una provincia, un periodista científico.

La idea, que ya iré desarrollando, consistirá en contactar con los principales medios de comunicación de cada provincia (principalmente las grandes cabeceras) con el fin de que al menos uno de sus periodistas (ya sea de Cultura o Sociedad) forme parte del colectivo de la Asociación Española de Comunicación Científica y, por tanto, esté especializado en el periodismo científico.

Creo que es un reto al que no habría que ponerle fecha. Ni creo que sea un reto al que se pueda aspirar a conseguir en su totalidad. Pero si que pienso que, con la ayuda de todos, podríamos conseguir que, aunque sólo un solo profesional en cada provincia pueda servir de referente para la publicación con corrección, exactitud y objetividad de todas y cada una de las informaciones de carácter científico que, más por ignorancia que descuido, en ocasiones no reciben el tratamiento que merecen tanto la fuente como el destino, que no es otro al fin y al cabo que nuestra sociedad.

 

Manuel Rodríguez de Viguri Fernández

viguri@ono.com

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