Por Tania Gallego, de Comunicación y Cultura Científica del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC)
Piensa en una ilustración científica, una cualquiera. Quizá te haya venido a la mente una lámina de Ernst Haeckel o una página desgastada de un cuaderno de naturalista. Es habitual asociar estas imágenes al pasado. Sin embargo, la ilustración científica sigue siendo una herramienta plenamente actual: no sólo ayuda a explicar conceptos complejos, sino que también despierta curiosidad, conecta con las emociones y abre nuevas formas de participación.
Solemos decir que una imagen vale más que mil palabras. En el caso de la ilustración, además, puede superar barreras lingüísticas, educativas o generacionales y hacer que el conocimiento científico resulte más cercano y accesible. En un momento en el que buscamos nuevas formas de relacionarnos con la ciencia, la ilustración continúa demostrando su capacidad para observar, interpretar y comunicar. En el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), la ilustración forma parte de nuestro patrimonio científico y, también, de nuestras formas actuales de trabajar con la ciudadanía.
Representar el mundo a través del dibujo acompaña al ser humano desde las primeras pinturas rupestres. Pero fue con el desarrollo de la historia natural cuando la ilustración comenzó a adquirir una función científica. Desde Aristóteles (s. IV a. C.) hasta Plinio el Viejo o Dioscórides (s. I d. C.), las representaciones visuales ayudaron a documentar y transmitir conocimiento sobre la naturaleza.
Durante el Renacimiento (siglos XV–XVI), figuras como Leonardo da Vinci demostraron cómo el dibujo podía convertirse en una herramienta de observación y generación de conocimiento. Más adelante, entre los siglos XVII y XVIII, con el nacimiento de las ciencias naturales y los primeros museos y gabinetes de curiosidades, la ilustración evolucionó hacia representaciones cada vez más precisas. La clasificación de especies planteada por Carl Linneo (1707–1778) consolidó el dibujo científico como una herramienta fundamental para identificar, comparar y comunicar.
Ya en el siglo XX, la ilustración científica amplió sus funciones: dejó de ser sólo una herramienta de investigación y docencia para convertirse también en un recurso clave para la divulgación.
¿La fotografía sustituyó al dibujo?
Algo que nos preguntan con frecuencia durante visitas guiadas al Archivo Histórico del Museo es si la fotografía sustituyó al dibujo. Aunque una de las mayores ventajas de la ilustración sobre la fotografía es su capacidad para sintetizar, hacer comprensible lo complejo y mostrar lo invisible, ambas formas de representación se complementan. Mientras la fotografía captura un instante real, la ilustración permite destacar rasgos esenciales, comparar estructuras o reunir, en una sola imagen, información difícil de observar simultáneamente. Pero ambas disciplinas juntas han ampliado las capacidades de observación, interpretación y comunicación del conocimiento científico.
El Archivo Histórico del MNCN conserva una importante colección de ilustraciones científicas con más de 18.500 dibujos y grabados vinculados a la historia de las ciencias naturales. Cada año, estas colecciones reciben consultas de investigadores, artistas, editores e instituciones culturales, demostrando que la ilustración sigue siendo una herramienta viva para investigar, documentar y comunicar. Pero su valor no está solo en
conservar el pasado. En los últimos años, el Museo ha reforzado su colaboración con profesionales de la ilustración, el arte y la cultura para explorar nuevas formas de acercar el conocimiento.
Illustraciencia
En este contexto, la colaboración con Illustraciencia, iniciada en 2016 y, desde 2022, a través de un convenio con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), se ha desarrollado el Premio Internacional de Ilustración Científica y de la Naturaleza, y una exposición itinerante, que cada año reúne alrededor de 400 obras procedentes de distintos países. En febrero de este año, la decimotercera edición del certamen, convocada por la Vicepresidencia Adjunta de Cultura Científica y Ciencia Ciudadana (VACC-CSIC), ha incorporado una nueva categoría dedicada a las ciencias marinas, promovida por el Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC) en homenaje a la ilustradora Luisa de la Vega.

La exposición se inauguró el pasado 26 de junio con 40 paneles ilustrados y podrá visitarse hasta el 27 de septiembre en el MNCN, antes de iniciar su recorrido itinerante. Como parte del compromiso con la accesibilidad, esta es la tercera edición que incorpora códigos QR que enlazan a textos descriptivos, además de paneles adaptados en relieve y braille de las obras ganadoras para personas con discapacidad visual.
Con más de veinte años de trayectoria, Illustraciencia continúa impulsando y dando visibilidad a esta disciplina mediante actividades, encuentros y espacios de intercambio entre ciencia y creación artística. Entre ellos destaca el Congreso Internacional de Ilustración Científica Online, celebrado hace escasas semanas y que reúne cada año a centenares de personas interesadas en este ámbito.

Arte transformador y fortalecedor
Esta línea conecta también con el proyecto europeo PULSE-ART, que explora cómo el arte puede contribuir a transformar la educación y fortalecer la participación cultural. Uno de sus siete casos de estudio se desarrollará en España desde el MNCN-CSIC y pondrá el foco en la ilustración científica como herramienta educativa y vehículo de expresión cultural accesible e inclusiva.
Además, el proyecto ha lanzado el Observatorio de las Artes en la Educación, una plataforma digital de acceso abierto destinada a fomentar la Conciencia y Expresión Cultural (CCEC o CAE, por sus siglas en inglés), una de las ocho competencias clave para el aprendizaje permanente establecidas por el Parlamento y el Consejo Europeo. Entre sus objetivos, está facilitar la integración de las industrias creativas en los sistemas educativos y conectar el mundo de las artes con los jóvenes.
Desde mi experiencia, participando en la coordinación, el desarrollo y el seguimiento de estas iniciativas, he podido comprobar el enorme potencial de la ilustración científica como herramienta para comunicar, educar y acercar la ciencia a la sociedad. En un momento en el que su divulgación implica también generar diálogo y participación, iniciativas como las del Museo, Illustraciencia y PULSE-ART muestran que arte y ciencia no son caminos separados, sino formas complementarias de entender, representar y compartir el mundo. Y, en este proceso, la ilustración científica sigue ayudándonos a mirar con atención, formular preguntas y conectar disciplinas, conocimientos y personas.

