Por Beatriz Sánchez Lueje
Guillermo García-Saúco siempre ha disfrutado de la naturaleza de muchas formas distintas. Después de formarse en zoología y comunicación científica, entró a trabajar en el Jardín Botánico de Castilla-La Mancha, donde actualmente es jefe de divulgación. Además de su trabajo en este “museo de flora”, su experiencia en ilustración le permite explorar otras maneras de comunicar la ciencia, conectándola con el arte.
PREGUNTA: ¿Cuándo empezaste a interesarte por la comunicación científica? ¿De dónde te viene la vocación?
RESPUESTA: Ya a muy temprana edad, comprobé que los animales y las plantas que me apasionaban eran muy sensibles a la mala gestión humana. De alguna manera fue creciendo en mí la semilla de la divulgación naturalista y científica, como una manera fundamental para promover su protección, también a través de la ilustración. Creo que contar ciencia y hacer entender a la sociedad la importancia del conocimiento es esencial para conservar la biodiversidad. Por otra parte, aprender sobre la vida de grandes divulgadores como Gerald Durrell, Félix Rodríguez de la Fuente, Edward O. Wilson y Jane Goodall siempre me inspiró mucho desde pequeño. Un punto de inflexión en mi interés por la comunicación científica fue conocer personalmente a Carl Safina, un ecólogo y gran comunicador estadounidense, que es mi mayor referente.
P: ¿Qué camino has seguido para llegar hasta donde estás hoy?
R: Estudié Zoología en la Universidad de Hull (Reino Unido) y posteriormente realicé un máster en comunicación social de la investigación científica en la Universidad Internacional de Valencia, donde realicé mi trabajo final del máster sobre cómo se percibe a los insectos a través de los medios de comunicación. Después he realizado diferentes cursos de comunicación científica, también a través de la ilustración. En 2020, comencé a trabajar en la sección de divulgación del Jardín Botánico de Castilla-La Mancha.

P: ¿Qué diferencia el trabajo en un museo de otros tipos de divulgación científica, respecto a las habilidades que necesitan los comunicadores?
R: Al trabajar en un jardín botánico, que es un museo de flora, interactuamos con un público muy diverso, tanto cara a cara como a través de las redes sociales. En esa línea, un comunicador que trabaja en un jardín botánico del siglo XXI ha de buscar un alcance masivo a través de las redes sociales, a la vez que un enriquecimiento de la experiencia del visitante que acude a nuestras instalaciones. Por las redes, nos dirigimos a una audiencia segmentada y muchas veces autoseleccionada (personas ya interesadas en las plantas o en eventos que ocurren en su ciudad). A la hora de recibir visitantes, la variedad de personas es mayor: niños, familias, turistas, especialistas o personas sin conocimientos previos sobre botánica. Aquí se trabaja mediante visitas guiadas en una experiencia inmersiva en las colecciones de flora, así como a través de talleres, conferencias, exposiciones y un largo etcétera, por lo que cualquier situación es buena para motivar el interés por la botánica.
P: ¿Cuáles son los principales retos a la hora de comunicar ciencia desde un jardín botánico?
R: Uno de los principales retos es el de encontrar un equilibrio entre los términos científicos y el lenguaje que utilizamos para todos los públicos. La nomenclatura científica de los seres vivos, al ser en latín, puede parecer poco accesible para una parte importante de la sociedad, pero para los que trabajamos en un jardín botánico forma parte de nuestro día a día. Por ello, tratamos de hacer que los nombres científicos resulten llamativos e interesantes, les contamos curiosidades y tratamos de sorprenderles, a la vez que complementamos con los nombres vulgares, que también tienen su interés. Por otro lado, los jardines botánicos tienen un rol muy importante en la concienciación sobre la crisis climática y la pérdida de la biodiversidad, pero estos temas pueden generar desinterés o incluso rechazo en determinados visitantes. Nosotros mostramos ejemplos palpables de cómo la subida de las temperaturas y el cambio en el régimen de lluvias amenazan los ciclos de las plantas.

P: ¿Y las ventajas? ¿Cuál crees que es la mejor herramienta, el ‘arma secreta’ de los jardines botánicos, para comunicar la ciencia?
R: Creo que los jardines botánicos tienen una ventaja clave y es el hecho de poder fomentar la conexión emocional con la naturaleza, pues un paseo por las colecciones de flora invita a la contemplación y al relax. Se ha demostrado que el contacto con las zonas verdes reduce la ansiedad y el estrés, así que diría que el ‘arma secreta’ de un jardín botánico es esa capacidad de mejorar la salud mental. A partir de ahí, viene todo lo demás. Una persona relajada y concienciada con la belleza de la biodiversidad comprende e interioriza mejor el mensaje científico que queremos transmitir.
P: ¿Qué papel crees que deberían desempeñar los jardines botánicos en la comunicación científica en España? ¿Hacia dónde se debería avanzar?
R: Creo que han de afianzarse aún más como instituciones de referencia en la comunicación social de la inmensa riqueza botánica que tenemos en España, así como de todo lo relacionado con la conservación de flora amenazada. En un contexto de cambio global como el que estamos viviendo, los jardines botánicos deben mostrar de forma tangible los efectos del cambio climático en las plantas y los ecosistemas españoles mediante una educación ambiental de calidad. Como instituciones científicas, debemos favorecer nuestra presencia en espacios digitales, pero también en eventos científicos y turísticos que nos permitan acceder todavía más a la sociedad, aumentando el alcance de nuestra labor.
En España tenemos la suerte de tener muchos jardines botánicos maravillosos, pero queda mucho por hacer para dejar de ser percibidos como simples parques bonitos, en lugar de espacios clave para la investigación, la divulgación y la conservación, que son los tres pilares que nos definen.

Esta es la segunda entrega de ‘Somos AEC2’, la campaña de visibilización de las personas socias.


