Por: Stefany Hernández A.
Desde las nueve y media de la mañana, varios taxis esperaban la llegada de los invitados en la estación de tren de Sants, mientras que otros más aventureros, llegaron por cuenta propia a las instalaciones del sincrotrón ALBA. Con ropa de invierno y uno que otro equipo de fotografía profesional, llegaban ansiosos a la entrada del auditorio Maxwell, no sin antes un café y una que otra bollería dulce para amenizar el encuentro.
Tan sólo eran unos cuantos interesados en conocer aquella “rosquilla gigante” que generaba energía de fotones a media hora de Barcelona. El evento inició con la presencia de la directora del sincrotrón, Caterina Biscardi, quién explicó de dónde proviene la radiación electromagnética con la que trabajan, para qué la usan, y quiénes son los que forman el equipo de trabajo del centro de investigación. Seguida de su charla, Ana Belén Martínez y Laia Torres del departamento de comunicación guiaron a los invitados hacia las instalaciones de este magnífico lugar.
Ese día escondía una sorpresa: habitualmente el túnel de aceleración, que en otras palabras es el “corazón” de la rosquilla, no es un lugar apto para visitantes, sin embargo, hicieron una excepción con los miembros de la asociación. Imanes de diferentes tamaños y formas, cables hechos de cobre y otros materiales conductores, estaban recubiertos con tubos aislantes de diferentes colores, para identificar las diferentes condiciones en las que viajan los electrones producidos por una pastilla de tungsteno. Efectivamente era un túnel toroidal. Los invitados no dejaban de hacer preguntas y tomar fotografías. Parecía una rueda de prensa.
Ya iba siendo hora de regresar al auditorio, pero el corredor principal en su forma circular los hizo perderse por un instante. En el camino conocieron a un investigador llamado Victor, quien les mostró su escritorio y un fragmento de su artículo científico publicado. Hablaron de los equipos y las áreas profesionales en los que se puede aplicar el conocimiento adquirido, como lo son las máquinas de Tomografía Axial Computarizada (TAC), Rayos-X, Infrarrojo, difracción, etc. Para aplicarlos en la biomedicina, la nanotecnología, hasta para conocer más del patrimonio artístico e histórico de cualquier lugar.

Asombrados, felices y con ganas de saber más, tuvieron que despedirse de Victor, porque en el auditorio los estaban esperando Francis Perez y Josep Nicolás, otros miembros del personal científico, quienes darían un abrebocas de la noticia más reciente del ALBA: el sincrotrón tiene proyectado mejorar y ampliar sus instalaciones, para que en el año 2035 toda la maquinaria de su “corazón” sea de una tecnología tan avanzada, que los datos que generarán serán más precisos, detallados y permitirán obtener resultados más rápido.
Cuántas dudas y tan poco tiempo para respuestas, pues el tiempo pasó volando tan rápido como la velocidad de la luz. Ya eran las dos de la tarde y los invitados estaban tan absortos por el sincrotrón y su equipo, que no sentían hambre. No obstante, Ana Belén y Laia sabían bien que no podían dejarlos ir sin antes digerir el recorrido con unas tapas, un café y un espacio de charla y risas para recordar durante su regreso a casa. ¡Todo estaba increíble! Fue toda una aventura más allá de una simple visita.

