Por Elena Lázaro
Hace más de una década que la Escuela Politécnica Nacional de Ecuador monitorea permanentemente el volcán Cotopaxi, por si le diera por entrar de nuevo en erupción. Visto desde las oficinas de la Corporación Ecuatoriana para el Desarrollo de la Investigación y la Academia (CEDIA), ese gigante de casi 6.000 metros parece tan manso que una se olvida de lo rápido que la Naturaleza puede cambiar la vida. Es eso y, no nos engañemos, que los cuerpos se nos están acostumbrando a los cambios inesperados de guion de una manera sorprendente. Así que hasta que a Cotopaxi le dé por protagonizar un nuevo capítulo de esta serie de la ‘Nueva Normalidad’ que arrancó en 2020, yo poso sonriente dándole la espalda antes de empezar la reunión.
Click, compartir, Instagram, feed… lista. Al lío.
La sala empieza a llenarse. Convocadas por la Red Nexo Divulga, acuden al workshop una veintena de personas, que integran los equipos técnicos y académicos de divulgación y comunicación científica de diferentes universidades e institutos superiores. Para que se me entienda al otro lado del Atlántico, estoy reunida con la Red Divulga ecuatoriana. Durante cuatro horas de conversación me vuelvo a dar cuenta de que, acentos aparte, los problemas, retos y propuestas de acción del personal técnico de las Unidades de Divulgación de las Universidades ecuatorianas son exactamente los mismos que los de las UCCs españolas. Empiezo y no acabo, pero allá van algunos ejemplos.
Las compañeras de la Escuela Superior Politécnica Agropecuaria de Manabí Manuel Félix López andan pensando cómo ampliar la conversación en redes sociales; Andrea Farfán, de la Universidad Internacional del Ecuador, subraya que lo de “Unidad” de divulgación es porque es así exactamente: una unidad de persona comunicadora (la frase más repetida hasta no hace tanto en cualquier reunión de comunicadores institucionales de la ciencia); el equipo de la Universidad Técnica Particular de Loja anda de cabeza ultimando los detalles de producción del Festival Internacional de Artes Vivas de Loja, creado por el gobierno de Correa hace una década para lograr acercar ciencia y arte; en la Universidad de Cuenca y en el Instituto Tecnológico de San Antonio buscan cómo capacitar al personal investigador en esto de hablar al público, antes de que negacionistas y conspiranoicos ocupen el espacio público que correspondería a quien sabe y conoce…
Podría seguir hasta agotar el espacio disponible en este post, pero la conclusión sería siempre la misma. De hecho, es Sofía Cabrera, directora de ESPOL Divulga, la que la pronuncia: necesitamos redes; redes que nos ayuden a buscar soluciones creativas a problemas comunes. Sofía Cabrera es una de las grandes tejedoras de redes en el ámbito de la comunicación científica no solo en Ecuador, sino en eso que llamamos Iberoamérica. Hace cuatro años que colaboramos en la internacionalización de “Las que cuentan la ciencia” y no hay una vez que nos sentemos juntas que no inventemos algo nuevo.
He vuelto de Ecuador con el cerebro Cotopaxi perdido, a punto de explotar de proyectos e ideas que nos ayuden a enfrentar las próximas temporadas de esta película, antes de que los guionistas nos lleven al desastre. Y, si os parece, empezamos a reescribirlo juntas en Cádiz; al fin y al cabo, pocos lugares como Andalucía han cuidado eso que llamamos Iberoamérica.


