Divulgación a bofetadas en Barcelona

Divulgación a bofetadas en Barcelona

 

Barcelona mola. Eso es innegable.

 

Pero mola mucho más si durante su visita uno conoce a gente estupenda, como fue mi caso por ejemplo con el equipo de redes sociales del Museu de Ciències Naturals (con Cristina Serradell como anfitriona del primer Pa Amb Tomáquet for Science de la historia).

 

También me lo pasé como un enano con la enormidad de comunicadores que asistieron a la primera edición barcelonesa del Beer for Science Forum, celebrado gracias al esfuerzo de Núria Jar y compañía. Cuando mi hijo me pregunte ‘para qué sirve la ciencia’ le tendré que contar que, por lo menos, a mí me ha servido para conocer una pequeñísima y encantadora pizzería del Raval (de la que no me atrevo a dar el nombre porque no sé si estoy autorizado).

 

Y por supuesto tuve el lujo de estar acompañado en mis visitas museísticas por las dos directoras de los maravillosos museos de ciencia de la ciudad, Anna Sanahuja en CosmoCaixa y Anna Omedes en el propio Museu de Ciències Naturals. Ambas mujeres, qué bien.


Estuve cuatro días en BCN y tuve tiempo para eso, y para más (como, por ejemplo, enseñar el Camp Nou a mi hijo o dejarme balancear por la quasitempestad en el teleférico de Montjuïc).

 

Digo que fueron días de disfrute personal y profesional, pero hubo una cosa que fue realmente sorprendente, el Arts Santa Mónica. Estuve acompañado en mi visita por su director del Área de Ciencia, Josep Perelló. El Arts Sants Mònica es un centro de arte, pero allí también hacen comunicación de la ciencia: mezclan el arte más vanguardista con la ciencia y la tecnología más puntera. Y no sólo con aquella que se hace en los laboratorios más reconocidos, sino también la ciencia de la calle, la tecnología más social.

 

Llevamos años intentando (y muchas veces, consiguiendo) que en los museos de ciencia la gente sienta, tenga sensaciones que le pongan la piel de gallina. Y la divulgación que se hace en el Arts Santa Mònica llega a través de los sentidos, como una bofetada.

 

Creo que el futuro de los centros de divulgación pasa, necesariamente, por aprender de experiencias como el Santa Mònica.

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