Medicina natural, ¿entre la verdad y el placebo?

Medicina natural, ¿entre la verdad y el placebo?

Ayer vi por televisión un pequeño reportaje del año 2008 sobre medicina natural. Todo lo que iban contando tenía sentido y resultaba interesante, hasta que algunas cosas me empezaron a chirriar acabando con un colofón magnífico diciendo que “hay que dormir con la cabeza al norte y los pies al sur para que el magnetismo terrestre esté alineado con nuestro metabolismo nocturno”.

Sencillamente me parece una desfachatez dar pábulo a este tipo de afirmaciones sin más. A la medicina convencional occidental se le exige que demuestre su eficacia de manera científica y mediante ensayos controlados, independientes e irrefutables. Pero a la medicina natural se le permite dar por cierto todo sin una sola prueba, a veces ni indicios fidedignos de su eficacia.

Debemos diferenciar entre prevención y mejora de la salud y la medicina que trata de curar enfermedades. Los médicos naturópatas o naturistas han recogido todos los elementos de la medicina natural, muy beneficiosa, y han convertido todo el acervo popular sobre sus beneficios y eficacia en dogma de fe sin someterlos al más mínimo rigor científico.

Recordemos que los medicamentos convencionales están basados en compuestos naturales, y que por tanto para muchas dolencias existen equivalentes naturales para tratarlas. Pero las dosis y la potencia de unos y otros “fármacos” no es la misma.

Deberíamos exigir a los “fármacos” o técnicas naturistas que dispongan de eficacia probada y pruebas contrastadas de dosis y eficacia. Y los naturópatas, tanto médicos como seguidores, deberían ser rigurosos y no permitir afirmaciones de difícil comprensión lógica sin ser demostradas como la orientación geomagnética para dormir.

Creo que el título que le he puesto a este post deja clara mi postura.

Y otra cosa que me molestó mucho es que el reportaje lo emitieron sin títulos de crédito como para ocultar a qué se refería y por qué (en contexto el reportaje tenía sentido, pero no fuera de él), y en la televisión pública. Para mí una vergüenza de periodismo.

 

Por: Ignacio Miguel Ximénez de Embún

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