De la escritura científica y las bellas letras

De la escritura científica y las bellas letras

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(1825 – 1895) fue un biólogo británico defensor de la teoría de la evolución de Darwin.

Hubo un tiempo en que Galileo Galilei plasmaba sus ideas en diálogos ficticios, Blas Pascal simultaneaba la ensayística con las matemáticas, Johannes Kepler alternaba la astronomía con la escritura de ciencia ficción, Edmund Halley componía en latín una oda al genio de Isaac Newton, finalmente incorporada al comienzo de los Principia Matemática, y Erasmo Darwin (abuelo de Charles) divulgaba en poemas las taxonomías de Linneo. El solapamiento entre escritura científica y literatura fue muy intenso en la fase de despegue de la ciencia moderna.

A partir del siglo XIX, las cosas tomaron carriles divergentes. Las esferas literaria y la científica dejaron de intersecarse y retroalimentarse, y llegaron incluso a repudiarse mutuamente. Un efecto de la tesis de las dos culturas ha sido el de hacernos creer en la existencia de un abismo infranqueable entre arte y ciencia. Por fortuna, el foso va siendo salvado de a poco gracias a los estudios sobre las similitudes entre el proceso de creación artística y la invención científica, o sobre el uso de la retórica y las figuras literarias en los trabajos de investigación, por dar unos ejemplos.

A tender esa clase de puentes se dedica el número 5 de la revista Función Lenguaje, el heroico emprendimiento editorial que desde hace cuatro años lleva adelante el Centro de Literatura Aplicada de Madrid, uno de los más cualificados viveros de escribidores de la Corte y Villa.

Dedicada al “papel del lenguaje en la ciencia contemporánea, las implicaciones filosóficas y éticas de la técnica, la ciencia ficción y la ficción científica”, la publicación explora con criterio heterodoxo la dimensión literaria del texto científico y la imaginación científico-técnica.

La tecnología es abordada por Ernesto Bottini -miembro del equipo del Centro- mediante una evocación del universo maquinístico pergeñado por el visionario ingeniero alemán Georg Böckler; así como por el texto fundacional de la Inteligencia Artificial de Alain Turing, y por la célebre respuesta filosófica de Martin Heidegger a la pregunta de ¿qué es la técnica?

Los imaginarios de la ciencia merecen la atención de los escritores J G Ballard, I. Asimov, W. Gibson y Philip K. Dick. Las utopías científicas son revisitadas por Raymond Williams, el “padre” de los Estudios Culturales”, y por el que firma este blog con una reflexión sobre la presunta muerte del futuro, o mejor dicho, del “futuro modernista”. A caballo de ambas materias se sitúa el análisis semiótico de Roland Barthes respecto del furor de los platillos voladores en los años ’50.

Fuera de agrupamientos temáticos quedan la aguda reflexión de Werner Heisenberg sobre el lenguaje de la ciencia, las impresiones de César Vallejo a propósito del Salón del Automóvil de París de 1926, y los breves fragmentos de autores tan disímiles como el sociólogo de la ciencia Bruno Latour, empeñado en acabar con la falacia de las dos culturas mediante un audaz replanteamiento epistemológico; o el adalid de la cibernética de última generación, Peter Sloterdijk.

Para lo último he dejado las páginas alusivas al maridaje de lo científico y lo lírico. El cubano Severo Sarduy -lector atento de la astrofísica más puntera- destila la poesía de las enanas blancas, gigantes rojas y estrellas azules; y el crítico Antonio Ortega ofrece una breve antología de poemas nacidos del encuentro feliz entre científicos y poetas, de la cual destacamos Breve reflexión sobre una anciana con carrito, del inmunólogo y poeta Miroslav Holub:

Dados una anciana y un carrito,
es decir, el sistema de una anciana A
y un carrito C,
el sistema se mueve del umbral U a la esquina E,
de la esquina E a la piedra P, de la piedra P
al bosque B, del bosque B al horizonte H.

El horizonte H lugar es donde termina la visión
y empieza la memoria.

Sin embargo el sistema se mueve
a velocidad constante v,
por una vía constante,
por un mundo constante y
por un destino constante,
reanudando su impulso y su sentido
por sí mismo.

Es un sistema relativamente independiente,
en los parajes de horizonte a horizonte,
siempre una anciana con carrito.

Y así se forma de una vez para siempre
aquella unidad geodésica,
unidad de la peregrinación de ida y vuelta,
unidad del otoño,
unidad del pan nuestro de cada día,
unidad del viento y del bajo cielo,
unidad del hogar en la distancia,
unidad así como nosotros perdonamos,
unidad del anochecer,
unidad de las huellas y el polvo,
unidad de la vida cumplida amén

 

Y con un hálito poético concluye esta recopilación que acercará a quienes creen vivir en orillas opuestas; una recopilación a cuya primorosa presentación contribuyen en gran medida las ilustraciones del citado Böckler, que además de arquitecto hidráulico era un eximio grabador.

Ejemplares de este número pueden solicitarse a la web del citado centro, o recogerse personalmente en su sede de la calle Dr. Fourquet, 18, en el barrio de Lavapiés.

 

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