El olvidado factor biológico y los extraterrestres

El olvidado factor biológico y los extraterrestres

placa_pionero_560x280pxSi preguntáramos a las personas que piensan que no estamos solos en el Universo cuál es el principal motivo en el que se basan para creer eso, nos encontraríamos, en la mayoría de los casos, con la respuesta de que el Universo es tan grande que, por tanto, la vida ha podido surgir en otros lugares como la Tierra.

Este tipo de argumento no es nuevo. Hasta se podría afirmar que se encuentra en la base de las distintas teorías que están a favor de la existencia de seres extraterrestres; desde la línea de Plutarco, hasta la línea de Lucrecio, pasando por el principio de mediocridad e, incluso, el antropocentrismo. Recientemente Seth Shostak, del Instituto SETI, comentó en una entrevista: «Sólo en la Vía Láctea hay un billón de planetas. Suponiendo, en el peor de los casos, que sólo uno de cada mil fuera apto para la vida, eso querría decir que en nuestra galaxia hay mil millones de primos de la Tierra que aún desconocemos y que podrían albergar vida inteligente». Lo dicho, una cuestión de espacio.

nasa-hubbleultradeepfield-560pxY es cierto, el Universo, como todos sabemos ya, es realmente grande. Y eso, más que una ventaja para aumentar las probabilidades de encontrar extraterrestres, en mi opinión, no influye tanto, como explicaré posteriormente. Porque antes hay que tratar otro tema y es precisamente la naturaleza de lo que estamos buscando, es decir, el tipo de vida de los extraterrestres, dicho de otra forma, tenemos que hablar de biología. Y aquí hay malas noticias puesto que la biología nos complica bastante la posibilidad de encontrar seres inteligentes avanzados tecnológicamente y contemporáneos a nuestra civilización. Ya que eso es lo que deberíamos buscar; insisto, vida inteligente avanzada tecnológicamente y contemporánea a nosotros, ósea, cercana espacialmente a la Tierra. Detectar, por ejemplo, una bacteria (vida no inteligente) en Marte o en un planeta que esté a, pongamos, 20 años luz está muy bien para avanzar en el conocimiento pero no nos saca de mucho. Además, hemos dicho que esa vida inteligente tiene que ser tecnológicamente avanzada ya que, por ejemplo, si aún no conocen las leyes del electromagnetismo poco vamos a poder hacer para comunicarnos de forma efectiva con ellos (sería el caso de nuestra propia especie hasta hace sólo unas pocas décadas atrás). Y tiene que ser contemporánea porque si esa civilización extraterrestre inteligente y avanzada tecnológicamente existió pero se extinguió, por ejemplo, hace 10 millones de años, va a ser complicado obtener alguna respuesta por razones obvias. Por tanto “eso” de la contemporaneidad implica que los extraterrestres tienen que estar cerca físicamente de nosotros (una vez más, de poca cosa serviría saber que hay una civilización que cumple con estas características pero que se encuentra en una galaxia que está, pongamos, a 1.500 años luz). Es el aquí y ahora. Las cosas del espacio-tiempo, ya se sabe.

Pero hablemos ahora de probabilidad. La respuesta del millón sería calcular la probabilidad de que surja una especie inteligente y avanzada tecnológicamente, lo que en biología se llama como organismo de herencia exosomática. El problema es que aún no tenemos muy claro cómo calcularla pero podemos plantear una hipótesis: que sea el cociente entre el número de caminos que podrían conducir a una especie parecida al Homo sapiens dentro de la evolución, entre el número de caminos posibles dentro de la evolución biológica. El numerador no lo conocemos pero debe ser pequeño (en la Tierra donde existen varios millones de especies solo una es de esa categoría). El denominador, sin embargo, es muy grande. Por tanto se puede afirmar que la probabilidad tendría que ser extraordinariamente baja.

Y ahora volvemos al argumento inicial de que el Universo es muy grande. Si multiplicamos algo muy grande, sin llegar a ser infinito, por algo muy pequeño, el resultado es muy bajo también. Si restringimos la búsqueda de seres extraterrestres a nuestro “vecindario” entonces ese “universo” ya no es tan grande por lo que la probabilidad de que surja un organismo de herencia exosomática aún sería más baja como afirmábamos al principio del artículo. Esto si sería como buscar una aguja en un pajar sin tener la certeza, además, de que la aguja exista. Y todo esto gracias a la “maravillosa” biología y no a las grandes dimensiones astronómicas.

la_llegada_-_cartel-560pxSi lo anterior no fuera suficiente queda poner la guinda al pastel, esto es, la comunicación con los extraterrestres. En el caso de encontrar esa civilización tan especial (inteligente y avanzada tecnológicamente) la conversación con ellos sería inviable dada la enorme cantidad de tiempo que habría de pasar entre el envío del mensaje, el desciframiento del mismo y la contestación.  Suponiendo que nos quieran contestar. Por tanto, se trata de otro problema, y nada pequeño, que habría que solventar, aunque en la reciente película “La Llegada” parezca que es algo sencillo y relativamente rápido. Si esta situación fuera el caso sería muy frustrante, algo así como salvarte de un naufragio para morir en la orilla. Conseguimos encontrar una civilización avanzada tecnológicamente y relativamente cercana pero si no hay conversación con ellos es como si hablásemos con una pared. Es como si no existieran…

Como ha quedado planteado brevemente en este artículo, se han de dar muchísimas suposiciones y coincidencias para conseguir que dos civilizaciones inteligentes, avanzadas tecnológicamente y contemporáneas logren contactar y comunicarse de forma efectiva. La situación real hoy en día es que sólo podemos especular. Todavía no hay hechos concluyentes en uno u otro sentido.

Sin embargo, la existencia o no de seres extraterrestres es un problema fundamentalmente biológico y no tanto astronómico. La discrepancia está en qué probabilidad es la correcta para el hecho de que puedan existir los extraterrestres y para el hecho de que ese acontecimiento ocurra más de una vez en el Universo. Aunque hay que decir que Darwin y la biología nos lo ponen bastante difícil. En cualquier caso, ¿tenemos que seguir buscando? Mi respuesta es que sí. ¿Por qué? Porque siempre se puede encontrar algo por casualidad o por suerte. Además hay muchos científicos que viven de esto y tienen (tenemos) todo el derecho de perder el tiempo como los demás.

(Agradezco a Cristina Cánovas, bióloga del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid, su asesoramiento en este artículo).

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