La mirada-mundo de Armand Mattelart

La mirada-mundo de Armand Mattelart

Armand Mattelart con su editor Alfredo Landman (Gedisa). / Rosa Tristán
Armand Mattelart con su editor Alfredo Landman (Gedisa). / Rosa Tristán

Cuando estudiaba Periodismo hubo un autor que me abrió un mundo de reflexión fascinante, un punto de vista distinto sobre la dominación de los medios de comunicación de masas y el imperialismo cultural que hasta ese momento, con 20 años, no me había planteado. Se trata del sociólogo belga Armand Mattelart.

Hace unos pocos días, Mattelart estuvo en Madrid presentando su último libro libro, ‘Por una mirada-mundo’ (Editorial Gedisa), una obra que recoge su trayectoria vital e intelectual a través de una larga entrevista con el también investigador Michel Sénécal, y de nuevo volvió a abrirme otra puerta con su análisis de lo que está pasando con la comunicación global. También fue inesperado, y últimamente me pasa a menudo, el escaso interés mediático que despertó su persona en España, pues sólo unos pocos medios digitales acudieron a la rueda de prensa, que yo imaginaba a rebosar de colegas de profesión.

Para quien no le recuerde, Mattelart fue quien diseñó, en la década de los 70, la política de comunicación de Salvador Allende, en Chile, hasta que Pinochet dio el golpe de Estado que acabó con la vida del presidente, y él tuvo que huir a Francia.  A sus 78 años, profesor emérito en la Universidad de Paris-VIII, se ha convertido en uno de los grandes teóricos de la comunicación con reconocimiento a nivel mundial.

“Tengo muy grabada la liberación de mi país por el ejército norteamericano tras la II Guerra Mundial. Para mí, un niño de 8 años, Patton era un héroe, pero luego me enteré que había participado en la represión de los mexicanos. Más tarde, estudié Demografía en Paris y ahí descubrí las teorías disfuncionistas del desarrollo de Occidente. Fue más tarde, en Chile, donde entré en el mundo de la comunicación, a raíz de un grupo de investigación que organicé sobre ideología y cultura de masas”, recordaba.
Tras aquella experiencia, a su regreso a Europa tardaría 10 años en volver a ser readmitido en la universidad. Era un maldito.
Los tiempos han cambiado mucho desde entonces en las formas de comunicar, pero Mattelart cree que no tanto en el trasfondo como nos pensamos: “Hay muchas zonas de sombra en las nuevas tecnologías de la comunicación. ¿Quiénes la controlan? ¿Quién construye los conceptos? Hay mucho trabajo de reflexión por hacer sobre este asunto, sobre el rediseño del modo de gobernar Estado-empresas y sobre la respuesta que pueden dar los ciudadanos, porque pocos se dan cuenta de que el control existe también ahora”, denunció en la rueda de prensa.

“Además”, añadió, “quien comunica es quien progresa porque se ha sustituido el concepto de progreso por el de comunicación” cuando, en su opinión, “hay que pensar también en la comunicación como una ayuda para levantar nuevas relaciones sociales en las que aumenta la desigualdad”.

En ese contexto, destacó los ataques que detecta hoy en los medios a los servicios públicos: “Se trata de reducir su importancia o, desde dentro, recortar la posibilidad de transmitir mensajes sobre la emancipación humana. Las televisiones no informan de la realidad. El criterio neoliberal lo inunda todo sin medida”.

libro MatellardMattelart recordó que la democracia que ahora se alaba procede de la Revolución Francesa, que se produjo por el enfrentamiento entre clases sociales diferentes. “Estamos en una sociedad donde los ciudadanos abren espacios porque el sistema capitalista neoliberal ha perdido credibilidad. Son nuevos proyectos contra el Estado o el mercado, pero están dispersos, unos contra el consumismo, otros sobre la crisis de la civilización, que reflejan que se detecta que el sistema actual no tiene futuro”

Pero ¿podemos cambiarlo con estas nuevas fórmulas de comunicar? Mattelart no lo cree por ese control de la tecnología por parte del sistema: “Al final, pese a que las redes sociales pudieran ayudar, la última revolución ha sido en la Plaza de Maiden de Ucrania, con personas físicas que se quedaron allí”. “Las redes sociales es una tecnología marcada por una concepción neoliberal del individuo. No se trata de usarlas o no, pero es que corremos detrás de ellas, sin reflexión sobre cómo defender el derecho a la vida privada, sobre el control”, apunta

¿Y cuál es su visión de los medios de comunicación de masas? “Los medios imponen representaciones consensuadas. Pese a que hay otras voces,  para la ciudadanía general los grandes medios siguen teniendo su papel. Son los que crearon las representaciones de lo que ocurrió en Ucrania, o en Libia.

Son solo unas pinceladas que invitan a pararnos a pensar, en unos tiempos en los que la prisa por informar el primero mata el análisis. Ahora, para terminar el cuadro habrá que leer el libro.

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