Materiales estratégicos y futuras tensiones geopolíticas

Materiales estratégicos y futuras tensiones geopolíticas

El desarrollo de las tecnologías energéticas a bajas emisiones de carbono (LCE = Low Carbon Economy) está intimamente relacionado con el incremento de la demanda de materiales tecnológicos raros, la cual a su vez resulta indisociable  de los aspectos de tipo geopolítico.

Recientemente he tenido el honor de ser llamado por la Comisión Europea para colaborar como consultor en un grupo de trabajo que debe definir los objetivos de la I+D de ingeniería de los materiales energéticos a mediano-largo plazo. La CE ha establecido ciertos objetivos para crear una LCE competitiva antes del 2050. En vista de este horizonte se pueden prever distintos escenarios potenciales en términos de mix energético. La clave para alcanzar el objetivo europeo de reducción de las emisiones de dióxido de carbono a largo plazo consistirá precisamente en la capacidad de identificar el escenario más probable, de modo de orientar adecuadamente las actuales estrategias de planificación. Más allá de la necesidad de  reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GHG = Green House  Gasses), que desde hace lustros se viene predicando como objetivo último de las políticas de desarrollo sostenible, surge el inevitable problema de gestionar los efectos  del “pico” de consumo del petróleo (que los futurólogos siguen pronosticando desde hace 20 años pero sin acertar la fecha). El problema del pico del consumo de petróleo a su vez está directamente relacionado con el crecimiento de los países emergentes,  principalmente China e India, y por lo tanto resulta absolutamente  necesario prever  un mix energético diferenciado por tipologías de fuentes. Para alcanzar este último objetivo muchos investigadores están desarrollando nuevas tecnologías, las cuales a su vez requieren el uso de materiales más o menos “exóticos”, que por desgracia en la mayor parte de casos no se hallan disponibles dentro  del territorio comunitario. 
Por dichas razones los analistas, especialmente los del otro lado del Atlántico, están concentrando sus esfuerzos en evitar peligrosas tensiones geopolíticas en el próximo futuro. El Departamento de Energía de los EE UU afirma que: “La transición energética que ha comenzado verá, a mediano plazo, un substancial incremento de la demanda de algunos materiales críticos, porque son  raros y disponibles sólo en algunas zonas limitadas del Planeta. Sin estrategias adecuadas  será improbable para los estadounidenses lograr  gestionar la transición hacia una economía basada en las energías limpias “ (Critical Materials Strategy, 2010 – http://energy.gov/downloads/us-department-energy-critical-materials-strategy-0 ).


Los fenómenos que determinan la escasez de los materiales críticos, fundamentales para el desarrollo de las nuevas tecnologías energéticas, come la eólica, solar y redes eléctricas inteligentes (smart grids),  por citar sólo algunas, y las implicaciones geopolíticas relacionadas con su aprovisionamiento asumen pues una importancia notable en la estrategia política comunitaria de desarrollo  sostenible.
A este punto resulta evidente el problema de la inevitable futura dependencia de países extracomunitarios, muchos de los cuales actualmente son políticamente inestables o incluso hasta hostiles al Occidente.

La imagen siguiente, sacada de Critical raw materials for the EU, Report of the Ad-hoc Working Group on defining critical raw materials, muestra los resultados del estudio.


Se observa que los más críticos son los llamados “tierras raras”, pertenecientes a la familia de los lantánidos y componente principal de los fósforos que recubren tubos y lámparas fluorescentes de alto rendimiento, seguidos de los llamados PGM (Palladium Group Metals) , utilizados en la fabricación de catalizadores. La demanda de las tierras raras sufrió un aumento brusco cuando la UE prohibió la fabricación y distribución de lámparas de incandescencia. China, principal productor de dichos minerales, dispuso una serie de impuestos a la exportación que automáticamente penalizan a los fabricantes occidentales y favorecen a los fabricantes chinos, que están exentos. Dicha competencia desleal provocó en diciembre de 2009 el inicio de una disputa judicial ante el WTO (World Trade Organization) por parte de la UE contra China. La misma situación amenaza con repetirse para el niobio, componente estratégico de los imanes para motores y generadores (brushless), casi un monopolio de China.

En el pasado ha habido guerras por la sal, y hasta ahora estábamos acostumbrados a asistir a guerras por el agua y por el petróleo. ¿Veremos en el futuro próximo “La Guerra de los Lantánidos”? Esperemos que quede sólo como idea de título de una película de ciencia ficción.



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