Superciencia

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Si algo queda claro para quienes se dedican a la divulgación de la ciencia es que la imaginación de los creadores artísticos siempre va por delante de la realidad, que llega a ser tal gracias a los avances científicos unos cuantos años más tarde. Esta es la una de las tesis que sostiene el periodista científico Juan Scaliter  en su libro La ciencia de los superhéroes.

Durante el segundo tercio del siglo XX surgieron la gran mayoría de los superhéroes que hoy en día son clásicos del género: en 1938 se publicaba el primer ejemplar de Superman, en 1962 vieron la luz dos creaciones del guionista estrella de Marvel Stan Lee, El increíble Hulk y Spiderman, y en 1974 se presentaba en sociedad Lobezno. Según la teoría que el periodista desarrolla concienzudamente en su libro y que avala con entrevistas a científicos y una impecable labor documental, lo que hace varias décadas se consideraban logros imposibles para los seres humanos ahora sería posible llevarlos a cabo gracias a los avances de la ciencia y la tecnología.

Como buen trabajo de investigación, lo primero que muestra Scaliter es una clasificación del material de estudio, ya que no sólo vamos a encontrar superhéroes, sino también villanos, antihéroes o personajes que en realidad no tienen superpoderes, sino que son capaces de hazañas increíbles gracias a la tecnología y a una buena inversión inicial. La labor realizada por Scaliter, no sólo como incitador de la curiosidad sino también como catálogo de recursos tecnológicos que pueden ofrecer en conjunto una solución global a un determinado reto o problema, demuestra que ciencia, entretenimiento y cultura deben ir siempre juntos para poder aspirar a un futuro mejor.

En el capítulo dedicado a Ironman el autor “pone en contacto” a cuatro grupos de investigación para conseguir las proezas de este superhéroe con la autonomía energética suficiente. Traducido a la vida “normal”: desarrollando y combinando los avances de estos científicos se podría devolver la posibilidad de caminar a quienes desgraciadamente la hayan perdido. Si alguien inteligente tuviese 23.000 millones de euros lo primero que haría sería consultarle a Scaliter cómo invertir ese dinero en la tecnología del futuro. Que se produzcan simultáneamente ambos fenómenos quizá debería considerarse como otro superpoder.

 

Reseña realizada para la edición de Feedback Ciencia en papel.

Próximamente disponible en PDF en feedbackciencia.com.

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