Crisis? What crisis? La comunicación científica en situaciones de emergencia
Miércoles 29 de octubre, a las 15:30h. En Sala Mozart – Auditorium de Palma
La comunicación de emergencias es siempre un punto débil del sistema porque hace falta formación para abordarla y la precariedad en los medios juega en su contra. Incluso, la formación depende de su contexto concreto y de las tecnologías en juego. Por eso es un tema tan recurrente en los encuentros, de comunicadoras y comunicadores como el CCSC25.
Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad, advierte, desde su experiencia, que no todo es cuestión de coordinación. “Es una parte importante de las acciones de respuesta en situaciones de emergencia y, por supuesto, también de la comunicación, pero el primer escalón es tener equipos bien formados y con recursos adecuados para responder, cada uno en su área de competencia y conocimiento”. Un anticipo de lo que se hablará en la mesa del Congreso dedicada a la comunicación de emergencias.
“En la comunicación científica -puntualiza Simón- se debe mantener la capacidad de duda y gestionar la incertidumbre que va permitir avanzar en el conocimiento. La ciencia vive siempre al borde del precipicio de la incertidumbre y, al igual que los científicos, debemos aprender a comunicar las certezas y las incertidumbres; los medios de comunicación deben evitar las posiciones inamovibles cuando tratan temas con un componente técnico científico importante”.
Con él está de acuerdo Carolina Moreno, catedrática de Periodismo y miembro del Instituto de Políticas de Bienestar Social (Polibienestar) de la Universitat de València, que opina que “comunicar lo inesperado es explicar con claridad qué sabemos y qué no sabemos. No se trata de adivinar, ni especular, sino de ser honestos y transparentes”. Para ello, sin embargo, cree necesaria una “alfabetización científica” previa: “ayudar a la ciudadanía a entender que la ciencia no es dogmática, que evoluciona y cambia continuamente”. Y está convencida de que, “si las instituciones compartieran tanto certezas como incertidumbres, la confianza crecería y la sociedad afrontaría mejor lo inesperado”.
Para Jaime Prats, responsable de comunicación institucional del CSIC, “contar con portavoces formados y tomar la iniciativa de la comunicación desde un punto de vista honesto” es la mejor receta. “Contar lo que se sabe -agrega-, lo que se desconoce (con tacto, sin alarmismos, explicando qué se está haciendo para mitigar la incertidumbre y el riesgo), en qué se está trabajando, quiénes están trabajando y tratar de dibujar un horizonte de objetivos temporales si se puede. Aportar pequeñas certezas en medio de tanta incertidumbre”.
Para mitigar esta incertidumbre, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) está actualizando su red de radares “para dotarla de las tecnologías más avanzadas”. Nos lo cuenta, y así lo hará en el CCSC25, Rubén del Campo, portavoz y coordinador del área de información meteorológica y climatológica de la AEMET. “Los quince radares ya existentes y los tres nuevos contarán con polarización dual, que permite detectar el tipo de precipitación (lluvia, nieve, granizo…) y cuantificar mejor su intensidad”. Una mejora para el seguimiento de las tormentas y la consecuente comunicación de las mismas. Además, la AEMET está trabajando, junto a grupos internacionales, en la adopción de tecnologías basadas en inteligencia artificial, para incluirlas en sus procesos.

