CCSC23 Granada – Un resumen personal

CCSC23 resumen personal

CCSC23 Granada – Un resumen personal

Marcos Pérez Maldonado – Presidente AEC2

Mientras escribo este resumen no puedo dejar de pensar que durante el tiempo que pasamos reunidos en Granada Israel sigue bombardeando a la población civil de Gaza, a la que además impide el acceso a agua, medicinas y alimento. No hay antecedente ni contexto posible que atenúe la condena que provoca esta barbarie.

A veces las monedas en enjambres furiosos

taladran y devoran abandonados niños.

La novena edición del Congreso de Comunicación Social de la Ciencia arranca con la bienvenida de Elena Lázaro y las palabras de las entidades que contribuyen a su financiación, representadas por Luis Alcalá, Director del Parque de las Ciencias de Granada, Margarita Sánchez, Vicerrectora de Extensión Universitaria, Patrimonio y Relaciones Institucionales de la Universidad de Granada, Pura Fernández, Vicepresidenta adjunta de Cultura Científica y Ciencia Ciudadana del CSIC, Inmaculada Aguilar, Directora Fundación Española de Ciencia y Tecnología, Antonio Granados, Delegado de la Junta de Andalucía en Granada, Joan Subirats, Ministro de Universidades y Marifrán Carazo, Alcaldesa de Granada.


Unos minutos más tarde Ernesto Páramo, fundador del Parque de las Ciencias que nos acoge y responsable de la primera edición de este congreso en 1999, nos recuerda que el artículo 44 de la Constitución establece que los poderes públicos promoverán y tutelarán el acceso a la cultura, a la que todos tienen derecho y promoverán la ciencia y la investigación científica y técnica en beneficio del interés general. Resulta entonces que las entidades que contribuyen a mejorar la comunicación social de la ciencia lo hacen al servicio de deberes y derechos fundamentales, lo que acrecienta el mérito de las que han hecho posible este encuentro.

Tras las palabras de Ernesto, el nutrido grupo de participantes en aquel primigenio CCSC nos hacemos una foto de familia. Pienso que no hemos cambiado tanto, o acaso hemos cambiado mucho menos que nuestro oficio. De hecho, si obviamos la crisis que padece el periodismo, que todavía no ha resuelto su modelo de supervivencia en la era digital, creo que nuestra comunidad profesional no tiene motivos para la nostalgia. Somos más, en campos más diversos y mejor conectados. Hay muchos errores que ya no volveremos a cometer y la relevancia social de nuestro trabajo, aunque también su complejidad, se ha multiplicado en estos veinticuatro años.


En su conferencia inaugural, Luis García Montero habla del compromiso cívico que se le debe exigir a la actividad científica y, cómo no, a su comunicación a la sociedad. Le legitima su práctica como poeta y su cuestionamiento de la certeza (el prejuicio y la arbitrariedad lo son), que es precisamente para lo que nos hemos reunido estos días. Cuenta algo que, siendo una anécdota, no deja de ser importante: en la Edad Media el amor, el deseo, llegó a considerarse una enfermedad. Y un pecado, claro. La humanidad puede progresar, si queremos. Y la ciencia no es la única fuente de progreso.

Comienza la dispersión de las sesiones paralelas. Un congreso con 450 personas inscritas, 206 comunicaciones y 30 pósters configura un puzle formidable del que nadie va a tener nunca la totalidad de las piezas. Por las cinco líneas de sesiones paralelas y por todas las combinaciones de posibles conversaciones en los ratos de convivencia. No pasa nada. Cada uno nos llevamos un puñado de piezas y con ellas componemos una imagen que siempre será más interesante que lo que aparecía en el anuncio. En cualquier caso, volvemos a confluir en las sesiones plenarias, que pronto estarán disponibles en la web. En ellas se dialoga sobre:

  • Ciencia ciudadana y la implicación de la comunidad no experta en la creación de conocimiento para la mejora de sus condiciones de vida. El empuje de la experiencia de Latinoamérica enriquece las prácticas y el lenguaje que utilizamos. Se habla de justicia cognitiva y de apropiación social del conocimiento. El ámbito comunitario será esencial en la legitimación y la efectividad de las aportaciones de la ciencia a la sociedad.

  • Inclusión y diversidad, ejes imprescindibles en las mejores prácticas de comunicación científica. Necesitamos formación y recursos, pero sobre todo flexibilidad y empatía. La moderadora cierra la sesión conminándonos a hacerlo pero sin perder tiempo. No hay excusa. 

  • Investigación y comunicación configuran un territorio emergente con potencial para inspirar, avalar o cuestionar muchas prácticas de comunicación. La diferencia entre saber qué funciona en comunicación científica y qué no lo hace no es hacerlo un poco mejor o peor, sino hacerlo bien o hacerlo mal. Además, el avance en este ámbito depende de la colaboración entre quienes investigan cómo se comunica y quienes lo hacen en la práctica. Quién sabe si en unos años cualquier propuesta de comunicación en un CCSC debe venir acompañada de una revisión de literatura científica relevante.
  • Entretenimiento y espectáculo constituyen desde hace tiempo uno de los escaparates con mayor proyección en el ámbito de la divulgación. Como ocurre muchas veces en este terreno las cosas no siempre tienen el resultado previsto, y lo que se plantea como un diálogo sobre el espectáculo se convierte en un espectáculo sobre las dificultades del diálogo. Una performance de vuelo surrealista que nos recuerda que la realidad cruda sabe raro, pero alimenta. Que todo se puede moderar si una tiene la paciencia suficiente. Que en medio del caos siempre aparecen destellos de verdad y que tenemos mucho que aprender de quienes saben de educación científica, ese campo gemelo al nuestro. Esta sesión inolvidable termina con un tip de vida de cobertura universal desde la platea: mira por dónde vas, porque en cualquier momento tropiezas y ese día ya no llegas a casa.


“Un viaje de ida a las estrellas” se anuncia como un espectáculo único en el que todo puede pasar. Y es cierto, pero las razones no se pueden explicar aquí porque el teatro hay que ir a verlo y, en nuestro caso, también programarlo. Esta propuesta nos presenta el potencial de la renuncia metódica al control, al virtuosismo y la perfección con el objetivo de ahondar en la conexión con el público. El espectáculo es emocionante, y un magnífico ejemplo de la fecunda tradición de divulgación que desde Granada explora con rigor y audacia los límites de nuestro oficio.


Dominique Brossard cierra este CCSC23 con “El futuro de la comunicación científica. Lo que está por venir”, una revisión de los desafíos, los riesgos y las oportunidades que vamos a encontrar en los próximos años. Su propuesta se entrelaza una y otra vez con lo que hemos vivido estos días, y al mismo tiempo ilumina el camino hacia nuestra próxima reunión, dentro de dos años en Palma de Mallorca.

CCSC23 resumen personal

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