Book Review: Merchants of Doubt de Naomi Oreskes y Erik M. Conway

Book Review: Merchants of Doubt de Naomi Oreskes y Erik M. Conway

merchants of doubt 1A principios de la semana pasada el panel intergubernamental sobre cambio climático (IPCC) se ha reunido en Estocolmo para  dar a conocer las conclusiones del quinto informe de evaluación de las causas y valoración de las consecuencias del aumento de temperaturas en el planeta Tierra. Ha sido una semana clave para el entendimiento de este fenómeno ya que por primera vez los científicos que componen el panel se han puesto de acuerdo, entre varios otros puntos, en que el aumento de temperaturas global es debido a la actividad industrial humana.

En realidad, esta conclusión no es en sí ninguna novedad. A finales del siglo XIX, el químico sueco Svante Arrhenius ya teorizaba sobre un aumento de temperatura como consecuencia de altos niveles de CO2 en la atmosfera (ref. 1). Desde entonces los científicos no han cesado de elaborar teorías, producir hipótesis y contrastar evidencias para intentar explicar este fenómeno. Con el  impulso tecnológico y científico del siglo pasado se han dado pasos de gigantes para definir el origen antropomórfico del cambio climático.

¿Por qué este desfase de más de un siglo entre el descubrimiento de un fenómeno y la conclusión definitiva de que es real? Para contestar esta pregunta es esencial entender que el método científico está basado en la evidencia, con la correspondiente precaución y duda a la hora de publicar resultados (de ahí que estos se expresen en probabilidades). Y no es raro que el resultado de un experimento clave pueda plantear más preguntas que las respuestas que aporta.

Pero en algunos ámbitos científicos este rezagamiento entre la elaboración de una hipótesis y la obtención de resultados concluyentes no se debe solo al método científico. Existe un esfuerzo encubierto para sembrar la duda con tal de defender intereses económicos. Merchants of doubt nos cuenta como un grupo heteróclito de científicos, asesores científicos, y profesionales de la comunicación corporativa han ido tejiendo conexiones con los poderosos lobbies de la industria americana para adulterar resultados claves y crear falsas polémicas. El cambio climático es sólo uno de los temas que han ido manipulando.

La estrategia es sencilla y así nos lo cuentan los autores desde el primer capítulo: La duda es una mercancía que se compra y se vende como cualquier otro producto. Los proveedores de esta duda son científicos sin escrúpulos que cuestionan la evidencia de algunos estudios basándose precisamente en el protocolo científico. Y esta duda se vende a políticos, medios de comunicación y finalmente al público. Así, se han organizado campañas para desligar el cáncer de pulmón del tabaco, desvincular la contaminación atmosférica de la lluvia acida o excluir a los CFCs como causa de la formación del agujero de ozono. Y con éxito, al menos temporalmente.

El estandarte de estos escépticos del siglo XXI es uno de los derechos fundamentales de la constitución americana: la libertad de prensa. Apoyándose sobre el derecho a argüir y discrepar, consiguen plantar la semilla de la duda, cultivar la incertidumbre y recoger las cosechas de la desinformación. La creación de institutos científicos para investigar y apoyar sus hipótesis y la organización de conferencias sobre estos temas crean un semblante de rigor científico. Artículos en revistas científicas y de popularización, volantes, panfletos, editoriales en periódicos completan la lista de iniciativas para mantener sus falsas polémicas vivas.

Los autores aluden a la falsa percepción de infalibilidad de la ciencia para explicar el éxito (al menos temporal) de estas iniciativas. Y la consecuencia es que cuando ésta no consigue estar a la altura de las expectativas del publico, se la retiene por incompleta o defectuosa. También apuntan a la falta de competencias divulgativas de muchos científicos, que, incapaces de  divulgar sus resultados a una audiencia no experta, tienen todas las de perder frente a los expertos en comunicación corporativa. Una encuesta llevada a cabo en 2007 por un científico de Universidad de Yale refleja bien esta situación: 40% de los americanos creía entonces que los científicos seguían debatiendo la realidad del cambio climático (ref 2).

A mí personalmente este libro me ha parecido una lectura complicada y fascinante a la vez. Desde el principio, los autores dan a entender que se trata de una investigación escrupulosa y seria. Se adentran en el tema con destreza y van exponiendo sus argumentos de una manera minuciosa y pausada. Se echa de menos sin embargo una especie de organigrama en el que se vean reflejados los numerosos personajes y las no menos numerosas organizaciones que se van deshilando a lo largo de la trama. A veces también me ha parecido que la abundancia de detalles dilata demasiado el hilo conductor.

Por cierto, el informe del IPCC confirma, con una seguridad del 99%, que la temperatura del planeta está subiendo; y que este calentamiento es debido a la actividad humana (con una certeza del 95%). Para que el lector se haga una idea de lo difícil que es hacerse una idea sobre este asunto, incluyo aquí 4 documentales sobre cambio climático, incluido “Una Verdad Incómoda” con Al Gore (ref. 3, 4, 5, 6)

 

Naomi Oreskes es profesora de Historia y Ciencia en la Universidad de California San Diego. Ha llevado a cabo estudios de geofísica y medio ambiente, incluidas investigaciones sobre cambio climático.

Erik M. Conway es historiador y trabaja en el prestigioso laboratorio del NASA’s Jet Propulsion Laboratory y el California Institute of Technology en Pasadena

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