Cachetes Científicos

Cachetes Científicos

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New Discoveries in Pneumatics””. Humphry Davy (1778-1829) lecturing at the Royal Institution.
“Al carro de la cultura española le falta la rueda de la Ciencia” Ramón y Cajal

Cuando pienso en la interfaz entre ciencia y cultura o espectáculo me viene en seguida en mente el trabajo divulgador del químico Humphrey Davy. Al que fue descubridor de varios elementos químicos a principios del siglo 19 se le ocurrió que la única manera de darle al público una visión del descubrimiento científico como catalizador del conocimiento humano era abrir las puertas de la torre de marfil científica de par en par. Y de hecho, en esta Inglaterra post-victoriana ávida de nuevos descubrimientos, pronto corrió el rumor de que un científico simpático, atractivo y un tanto atrevido deleitaba al público de la Royal Institution con demonstraciones científicas un tanto temerarias

A pesar de lo extraordinario de los seminarios, sus primeras lecturas tuvieron poco éxito. Pero, lejos de bajar los brazos, Davy utilizó al máximo su talante representativo y sus dotes de orador (también fue poeta en sus horas libres) para captivar la curiosidad del público londinense. La gloria le llegó finalmente con una serie de experimentos cuyo objetivo era demostrar los efectos fisiológicos de diferentes gases en humanos, entre ellos el llamado gas de la risa (óxido nítrico), experimentando incluso directamente con los propios asistentes (foto adjunta). En una misiva a un amigo datada en junio de 1801, habla de una audiencia de 500 personas: “hubo respiración, óxido nítrico y aplausos desenfrenados. Amén!”

Esta manera un tanto audaz e intrépida de presentar la ciencia se refleja hoy en los llamados Science Slams. Estos certámenes consisten en la presentación de resultados científicos por parte de los propios investigadores de la manera más entretenida posible, y esto en un tiempo limitado que va de dos a diez minutos (de ahí “slam”, que viene a traducirse como cachete, coscorrón o moflete). El objetivo de estos soplamocos científicos es triple: dar a conocer los resultados de los equipos científicos, despertar el interés de un público no-experto y sobre todo avivar las dotes pedagógicas de los comunicadores en hierba.

El propio público, a través de la intensidad y duración de los aplausos o levantando carteles con notas que van de 1 a 10, hace las veces de juez y evaluador de las presentaciones. Los criterios a tener en cuenta son varios pero se pueden resumir en tres aspectos principales: El contenido científico, la comprensibilidad del mensaje y sobre todo la personalidad y talante del orador. Esto obliga este último a recurrir a un amplio espectro de competencias personales para entretener al público. Una manera de popularizar la ciencia y divulgar contenidos a través del espectáculo, la espontaneidad y el humor en el ambiente relajado de un bar o un local de ocio. De hecho, los premios son sólo simbólicos.

El formato recuerda aquel de la stand-up comedy donde el comediante se dirige directamente a una audiencia en vivo, estableciendo a veces diálogos reales o imaginarios con algunos de sus espectadores. De hecho, esta forma de popularización científica viene inspirada por un tipo de presentación literaria llamada Poetry Slam (cachetes poéticos) que fue ideada a principios de los años ochenta en Chicago. Los responsables de la Casa de la Ciencia de la ciudad vecina de Braunswcheig entrevieron enseguida el potencial comunicativo y en el 2006 decidieron utilizar este marco escénico para difundir conocimientos científicos.

Hoy este tipo de comunicación científica se ha extendido por todo el norte de Europa. En Alemania, el 19 de junio 2010 se organizó el primer concurso nacional en la Casa de la Ciencia de Braunschweig, la cuna del movimiento. Las grandes organizaciones científicas del país también se han apuntado a esta moda. En marzo del año pasado tuve la oportunidad de asistir a uno de estos cachetes científicos en un local de ocio de Berlín. La ganadora fue una jovencísima estudiante de medicina que, a través de dibujos humorísticos propios, humor, naturalidad, deleitó al público con una presentación sobre el aparato digestivo y sus posibles disfunciones. (“El tubo digestivo: una tripa con encanto”). Luego me enteré de que no había conseguido hacerse con el premio del certamen nacional, que consiste en un cerebro tricolor que refleja los colores de la bandera alemana.

Poco a poco esta modalidad de popularización científica se ha ido abriendo caminos, a veces inesperados, en el glamoroso mundo del espectáculo. En Austria, el Science Slam Vienna viene con retransmisión televisiva en directo incluida. En Suecia, país adicto a todo tipo de concursos televisivos (el festival Eurovision correspondería a un Barca-Madrid en España) se ha organizado como una especie de gala-espectáculo a nivel nacional, retransmitida por los medios de comunicación y patrocinada por las grandes organizaciones científicas del país. El Forskar Grand Prix (GP Investigación) de 2012 tuvo lugar en una conocida sala de conciertos de Estocolmo (Debaser). Una mezcla peculiar de espectáculo, diversión, mecenas, divulgación científica y promoción de la ciencia.

Finalmente, no se puede hablar de interfaz entre ciencia y espectáculo sin mencionar el proyecto FameLab®. El concepto se le ocurrió en 2005 a una empresa británica (Cheltenham Festivals) que trabajaba en el sector de la organización de festivales y tiene como objetivo despertar los talentos comunicativos de los científicos. Apoyada por el British Council (el CSIC británico) después del éxito de las primeras ediciones, la iniciativa ha tomado carácter global y hoy día se lleva a cabo en más de 20 países, con un certamen anual que enfrenta a los finalistas de cada país. El concepto es similar al de los Science Slams (presentación tipo stand-up, tiempo limitado) pero suelen tener lugar en escenarios académicos y con un jurado acreditado por la organización. Además, como la pequeña “R” de marca registrada al final del nombre indica, los intereses económicos son aquí más palpables.

Según la página web de FameLab®, algunos de los participantes han dejado sus carreras investigadoras para dedicarse exclusivamente a la divulgación científica en los escenarios. Y es que lo que consiguen estas iniciativas, y con rotundo éxito además, es incentivar los científicos a salir de sus laboratorios y utilizar sus dotes personales para comunicar sus trabajos a la sociedad. Gana el científico en competencias, prestigio y posibilidades de financiación, el público en conocimientos y ganan sobre todo la divulgación científica y la ciencia en su conjunto. Al igual que lo hiciera Davy en su tiempo con sus experimentos en vivo, al final se trata de experimentar con la “química” del público no-experto.

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