La I+D y las viejas glorias / Juan Tena

La I+D y las viejas glorias / Juan Tena

Según se ha sabido, la ministra de Ciencia e Innovación Cristina Garmendia está preparando una nueva Ley de la Ciencia. Curiosamente en 2004 la ministra de Educación y Ciencia de entonces María Jesús San Segundo ya había comenzado a preparar una nueva Ley de la Ciencia. Dicho borrador lo heredó la ministra, también de Educación y Ciencia, Mercedes Cabrera y del que no se volvió a saber nada. Ahora, 4 años después de un Gobierno apoyado por el mismo partido y presidido por la misma persona, se decide hacer una nueva Ley de la Ciencia (me pregunto qué fue del anterior intento). Así pues es la titular del ministerio de Ciencia e Innovación (sin estructura y sin actividad conocida), Cristina Garmendia quien crea un comité compuesto por expertos, destacadas personalidades de la I+D de las dos ultimas décadas y varios investigadores de “elite” para que en un plazo de ¡seis meses! elabores una nueva Ley de la Ciencia.
Aparte de los científicos de elite, de los que no tengo nada que decir, el resto del grupo que constituye este comité ya dieron de si todo lo que tenían que dar cuando tuvieron responsabilidades al frente de las diversas instituciones responsables de la I+D en España: presidencia del CSIC, secretaría de Estado de Universidades e Investigación, secretaría general del Plan Nacional y otras instituciones públicas y privadas. A decir verdad, la ministra podría incluso haber ampliado el plantel de “viejas glorias”: Luis Oro, Fereres, Álvaro Espina…
Una Ley de la Ciencia moderna, que transforme todo el sistema hasta ahora institucionalizado requiere de otras personas, ni más listas ni más tontas, ni más jóvenes ni más viejas, simplemente otras personas; unas personas que no estén tan influenciadas por el sistema que ellos mismo crearon. !Será por gente!
Sin afán de minusvalorar a nadie, ni desacreditar, pienso que para hacer una Ley de la Ciencia, en resumen, alumbrar un nuevo sistema de I+D, hay que contar con gente libre de trabas y viejas rémoras del pasado. Si ese grupo estuviese formado por gentes que habitualmente y desde hace años están al cabo de la calle de lo que es la I+D en España, entonces si podríamos hablar de un verdadero cambio, de lo contrario nos encontraremos con un sistema que adolecerá de iguales o parecidos defectos: incapaz de desarrollar un tejido industrial basado en el desarrollo científico-técnico.
No obstante, sigo pensando (por aquello de piensa mal y acertarás) que a falta de un programa y frente a una crisis que va a recortar los presupuestos de I+D, como ocurrió en los años 1991 al 1993, una nueva Ley de la Ciencia supone un paréntesis en la acción de gobierno, una prolongación de la inactividad ante una notable falta de ideas, de criterios, de política de Estado. La investigación y el desarrollo tecnológico (dejo fuera expresamente el concepto de innovación) es la columna vertebral del sistema económico-social de España, y el problema es que el Gobierno no ha sido hasta ahora capaz de encajar esa columna en el cuerpo social para que todo ello se sostenga y funcione. Esto no es algo baladí o una broma; algo que pueda escamotearse o disimular mediante lo que yo denomino “la seducción del secreto”, que es el terreno en el que trabajan muchos y que se ve reflejado en la inmensa mayoría de los medios de comunicación.

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