La lección de John Oliver

La lección de John Oliver

Entre bromas y veras, el cómico estadounidense John Oliver ha impartido en su programa de televisión Last Week Tonight (emitido por el canal HBO el domingo 8 de mayo) una completa y recomendable lección de periodismo científico en menos de 20 minutos. Le bastó hilvanar inteligentemente un puñado de ejemplos de noticias médicas, tan espectaculares como infundadas pero rigurosamente reales, para mostrar al público la cara más infame de la información científica y, de paso, lo que debe ser el periodismo riguroso y la buena ciencia (el vídeo completo puede verse al final de este texto).

John Oliver en su programa "Last Week Tonight" dedicado al periodismo científico.
John Oliver en su programa “Last Week Tonight” dedicado al periodismo científico.

Primeras perlas y primeras carcajadas: “El azúcar podría alimentar el crecimiento del cáncer”, “Tomar aperitivos a última hora de la noche es malo para el cerebro”, “Un vaso de vino es tan bueno como una hora en el gimnasio”. ¿Cuántos mensajes similares podemos leer o ver por televisión? Sí, la ciencia produce estudios a raudales y puede resultar increíble, divertida y apasionante; el problema es que muchos de los mensajes que genera son estrafalarios y falsos. Pero, ojo, Oliver repartió risas –y no poca doctrina– a costa del trabajo de muchos informadores, pero también de numerosos investigadores que contribuyen a este circo con sus defectuosos estudios y su mala ciencia.

¿Cómo puede ser que salga a la luz y luego circule y recircule un estudio pequeño y ridículo sobre los efectos del chocolate realizado con 20 personas? ¿Qué investigadores son esos? ¿Y qué comunicadores los que difundieron estos hallazgos en una nota de prensa? Oliver calentó su alegato satírico contra la mala ciencia y la mala comunicación con otro titular explosivo: “Oler pedos reduce el cáncer”. No hay más que buscar por internet para comprobar el rastro que ha dejado esta espectacular noticia, basada en un estudio en el que ni por asomo se mencionan las flatulencias o sus sinónimos.

“No todos los estudios son iguales”, dejó bien claro el cómico al poco de empezar su programa. El problema es que las investigaciones rigurosas se mezclan con las que no lo son tanto, y el público recibe una avalancha de mensajes equívocos y contradictorios. La confusión y el disparate llegan a tal extremo que, a juzgar por las noticias, cualquier alimento puede a la vez causar el cáncer y curarlo. Un ejemplo paradigmático es el del café, sobre el que hay miles de estudios de todos los colores. “El café es como Dios en el Viejo Testamento”, se arrancó Oliver. “Te puede salvar o matar dependiendo de cuánto creas en sus mágicos poderes”.

A los investigadores les afeó su inclinación a hacer malabarismos con los datos y la significación estadística (p-hacking) y el olvido de una de sus primeras obligaciones profesionales: replicar los estudios de otros científicos. Pero, claro, no existe un premio Nobel para el fact checking, como observó Oliver. Y a los periodistas les recriminó la proliferación de noticias de salud sobre estudios con animales, sin tener en cuenta que la mayoría no funcionan igual en humanos, y una falta grave: olvidarse del contexto. En fin, toda una lección de periodismo la de John Oliver, auxiliado entre bambalinas por Gary Schwitzer, de HealthNewsReview.

 

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