El Marmotor

El Marmotor

Mi línea de participación en el blog creo que ha quedado bastante clara; intento colaborar en lo que se me pide y puedo, lucho contra las “ecopatrañas” que acabarán matando el verdadero sentimiento ecológico en la gente de buena voluntad y de vez en cuando hablo de nuestro pasado tecnológico. Hoy me centraré en este último punto.


Comenzaré comentando que el diario El Mundo del ya lejano 13 de mayo de 2006, en su separata NATURA, daba la noticia de la inminente construcción de una planta de aprovechamiento de la energía de las olas (undimotriz) en Santoña (Cantabria), en la misma se dice que “…Esta fuente de energía se planteó por primera vez de un modo rudimentario en la Francia revolucionaria del siglo XVIII, y comenzó a ensayarse para obtener electricidad en los años 70, tras la crisis del petróleo…”.

Sin embargo, en dicho artículo no se menciona que ya hubo otro intento en España por parte de José Barrufet y Veciana que en 1885 patentó el “Marmotor” con el mismo fin y con el mismo principio. No tenemos constancia de si llegó a funcionar, pero podemos leer todos los datos del mismo en el librito que publicó en su momento y del cual se ha realizado una edición facsímil en 1996.

Es curioso ver la confianza que tenía Barrufet en su invento y como presentía los amargos momentos que, como inventor español, le esperaban:

“Otras muchas pruebas y consideraciones pudiéramos alegar en defensa de nuestro aparato, pero entendemos que éste en breve se defenderá por sí mismo y que la experiencia vendrá á demostrar en práctica mucho más que cuanto hoy pudiéramos sentar como teoría.

Nos anima la esperanza de que España sabrá apreciar la trascendental importancia del problema que vamos á someter á su juicio crítico.

Que es resuelto, no cabe que abriguemos ni el más lejano asomo de duda.

Que tendremos detractores, lo presumimos; pero estamos dispuestos á luchar para desvirtuar los efectos de mezquinas pasiones, como preparados nos hallarán para contestar en el terreno científico á cuantas preguntas y observaciones quieran hacérsenos, sin que por ello participemos de la necia presunción de juzgarnos infalibles en nuestros cálculos y apreciaciones”.

Es evidente que a pesar de su entusiasmo y esfuerzo, España no supo apreciar la trascendental importancia del problema que quería resolver y que es uno de los mayores problemas a los que se enfrenta ahora mismo la humanidad, la generación de energía (fuerza) en las cantidades que son demandadas por las sociedades modernas:

“…la fuerza en grande escala precisa el vapor y el vapor no puede prescindir del carbón mineral…”

“Una salvación, sin embargo, nos queda; la de hallar otra fuerza que sustituya al vapor, buscándola en cualquier otro elemento de los que nos suministra la pródiga Naturaleza y cuya duración sea larga como la duración de los siglos. ¿Existe algo igual sobre la superficie de nuestro globo que pueda competir con la impetuosidad de los mares? ¿Cabe presumir que cesará algún día el movimiento constante de esas masas líquidas é inmensas que al chocar en las playas parece que llaman al hombre para decirle que sirven algo más que para la navegación y usos balnearios á que la humanidad las destina?”.

Además Barrufet, como Cabanyes (de quién ya hablaré), tuvieron muy claro que el vector energético de su futuro (nuestro presente) era la electricidad y no el vapor.


Ha tenido que pasar más de un siglo para que miremos de nuevo a las olas como fuente de energía, y prácticamente con los mismos argumentos que ya nuestro antecesor desgranó. Cuando leía la noticia aquel 13 de mayo me parecía volver a leer el libro de Barrufet traducido al lenguaje moderno; lo que me pregunto es si los diseñadores de las nuevas plantas conocen los estudios de nuestro hombre sobre las olas, sus tipos, etc. que seguramente les pueden ahorrar muchas horas de estudio y observación, las que ya empleó en su día nuestro inventor.


Es bueno, bonito y apasionante, ahondar en las experiencias de nuestros antecesores para no caer en los mismos fallos y para ser un poco humildes y ver que no hay nada nuevo bajo el sol. Rafael Eugenio Romero García.
(www.rafaromerogarcia.blogspot.com)

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