Mastodon, Bluesky… Redes descentralizadas y dónde encontrarlas

Mastodon, Bluesky… Redes descentralizadas y dónde encontrarlas

Por Juanjo Sáenz de la Torre

Todos los trabajos que he tenido en los últimos diez años los conseguí gracias a Twitter (me niego a llamarlo X). O bien porque me enteré de la oferta en esa red social o porque conocía a la gente con la que trabajaba por Twitter. Fernando Gomollón y yo nos conocimos gracias a Twitter (pidiendo una camiseta friki) y hace dos años fundamos Agata Communications, una agencia de comunicación científica. Cuento todo esto no por dar la chapa, si no para hacer ver lo importante que ha sido Twitter en mi vida, tanto a nivel personal como profesional.

Sin embargo, tal y como publicamos en la AEC2 hace un tiempo, ya es hora de dejar Twitter y buscar y construir alternativas. A ser posible, alternativas que no tropiecen en las mismas piedras del pasado. Para hablar de ello, el pasado 13 febrero hablamos en un webinar con Ignacio Castro, lecturer de la Queen Mary University of London, y que ha investigado redes sociales muy diversas: Nextdoor, onlyfans, Twitter, Mastodon, Bluesky… El webinar estuvo centrado en dos redes de microblogging hacia las que estamos huyendo quienes queremos dejar Twitter: Mastodon y Bluesky. ¿Por qué? Para entender mejor sus diferencias y los protocolos que las gobiernan. Lo que sigue es mi humilde intento (perdón Ignacio si he metido la pata con algo, estaré encantado de corregirlo), de resumir el webinar y lo que aprendimos en un único post.

Centralizado vs. Descentralizado

El punto de partida es intentar no repetir los errores del pasado. Elon Musk tiene control sobre Twitter por que es su plataforma. La compró y, al ser una red centralizada, todo pasa por sus servidores y por su algoritmo. Es una red centralizada. Mastodon y Bluesky, cada una a su modo, abogan por un modelo distinto. Descentralizar las redes sociales, para que no todo dependa de un único actor. Como Mastodon y Bluesky abordan la descentralización de forma distinta, vamos a intentar entender lo que hace cada una de las redes.

Mastodon: comunidades interconectadas

Dicho rápido y sin mucho detalle, Mastodon son muchos mini-twitters conectados entre sí. Muchas comunidades independientes, llamadas instancias, y al frente de cada instancia hay un administrador (o un conjunto de administradores). Pero estas comunidades no están aisladas, se “hablan” entre sí gracias a un lenguaje común, un protocolo llamado ActivityPub. Este protocolo es un estándar, definido por el Consorcio World Wide Web (W3C).

La potencia del protocolo reside en conectar comunidades que pueden tomar mil formas distintas. Desde tu cuenta de Mastodon puedes seguir cuentas en Pixelfed (otra red social parecida a Instagram, para compartir fotografías), Peertube (lo mismo, pero para vídeos, al estilo de YouTube)… Las alternativas son infinitas, ya que el protocolo ActivityPub te permite interconectar esas comunidades. Es el mismo espíritu que con el e-mail: podemos mandar correos desde Gmail, Outlook, Protonmail… a gente que usa el correo electrónico de otros proveedores.

En 2023, Ignacio Castro publicó un artículo llamado ‘Flocking to Mastodon: Tracking the Great Twitter Migration’, en el que él y sus compañeros analizaban la migración de Twitter a Mastodon que se produjo en 2022, justo después de que Elon Musk comprara Twitter. Y ahí identifican dos grandes retos:

  • La descentralización en sí misma: la mayor parte de los usuarios van a la instancia más grande (mastodon.social). Aunque es verdad que los usuarios que van a instancias más pequeñas, son más activos.
  • La moderación descentralizada: ¿cómo moderamos una red que es completamente descentralizada? Si moderar una sola red (Twitter, Instagram, etc.), moderar ese archipiélago de servidores es difícil.

Por resumir: como el objetivo principal de Mastodon es descentralizar, consigue que no dependamos sólo de una persona. En Twitter si no te gusta lo que están haciendo con la red, marcharte implica perder tu red social. En Mastodon, si no te gusta tu instancia, puede llevarte tu red a otra instancia.

Bluesky es como los ogros y las cebollas

Tiene capas. En Bluesky han optado por otro enfoque. Han roto la red en diferentes funcionalidades, independientes entre sí. Es un enfoque diferente a la hora de descentralizar la red. Cada una de estas capas están en la imagen de debajo y el protocolo que las gobierna es AT Protocol.

De nuevo, Ignacio y su equipo se pusieron a investigar sobre Bluesky en su artículo ‘Looking AT the Blue Skies of Bluesky’. En él, analizan el comportamiento y uso que hacen los usuarios y desarrolladores de cada una de estas funcionalidades. Y los retos que se encuentran son parecidos a los de Mastodon:

  • El 99% de los usuarios están registrados en el dominio propio de bluesky (cuentas del tipo usuario@bsky.social‬, en ves de usuario.com).
  • Aunque Bluesky da la opción de montarte tu propio sistema de almacenamiento de datos, muy pocos usuarios han montado su propio sistema de almacenamiento de datos.
  • Hay una capa que es más difícil de descentralizar: el relay. La capa que agrega el contenido de todos los usuarios. Cuanto más crece Bluesky, mayor es el coste de mantener esta capa, lo que dificulta descentralizarla.

Un campo de melones por abrir

Como en todas las buenas charlas, salimos de la de Ignacio Castro con más preguntas que respuestas. Un montón de melones por abrir y discusiones por tener. Lo que está claro es que cada red pesca una cosa distinta. Parece de Perogrullo para quienes trabajamos en comunicación, pero antes de abrir perfiles a lo loco en redes sociales hay que preguntarse para qué queremos comunicar y si ese es el foro adecuado. Por mi parte, webinarios como el de Castro y libros como ‘Las redes son nuestras’, de Marta G. Franco, me están ayudando mucho a pensar en este tema.

El futuro de las redes sociales es incierto (y qué no lo es en esta vida). Pero lo que está claro es que la descentralización ha llegado para quedarse. Tanto Mastodon como Bluesky ofrecen alternativas interesantes a la estructura centralizada de Twitter, aunque cada una se enfrenta a desafíos propios. Sin embargo, más allá de las plataformas y los protocolos, para mi el verdadero debate es otro. Mi día a día consiste en comunicar proyectos europeos de investigación. El debate para mí es cómo queremos comunicarnos y en qué tipo de espacios queremos construir nuestras comunidades digitales.

Las respuestas no son sencillas. Pero quizás ese sea el mejor punto de partida: cuestionarnos nuestras propias prácticas digitales, explorar nuevas opciones y, sobre todo, entender que las redes son nuestras en la medida en que participamos activamente en su evolución. Si queremos que el futuro de la conversación digital sea más abierto, depende de nosotros apostar por modelos que nos permitan recuperar el control de nuestras interacciones en línea.

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