Pública 24: bailando con la cultura

Pública 24: bailando con la cultural

Pública 24: bailando con la cultura

Autora: Elena Lázaro

Cristina terminó con la quimio hace un par de años. Nada más hacerlo se subió al escenario y estrenó Viva, un espectáculo que reflexiona sobre el cáncer.

Eugenio cree que urge pasar del Antropoceno al Bioceno, algo así como el tiempo en el que todo el Planeta esté en el centro y no solo los seres que andamos a dos patas. Por eso dio un concierto para 2293 plantas, las que caben sentadas en las butacas del Liceo de Barcelona y por eso anda buscando árboles en encuentros profesionales. Yo soy el árbol 232 de su proyecto #BeaTreeNow. Ya le he explicado que soy un pinsapo de la Sierra de las Nieves y me ha dicho que vale, que bien. Alguien me ha oído decírselo y me ha mirado raro.

Pública 24: bailando con la cultural

Almudena acaba de volver a España. Dejó lo del arte porque en Dublín son más de lo tecnológico y allí se ha pasado 8 años de consultora, pero que no, que se ha empeñado en volver y anda dejándose ver y oír por el Salón de Baile del Círculo de Bellas Artes. Estamos en el Salón de Baile del Bellas Artes; estamos en Pública 24, el evento profesional de quienes se ocupan de hacer, contar y gestionar la cultura, organizado por La Fábrica, que dirige Alberto Fesser desde hace una pila de años cuando los informes se presentaban en papel y la cultura era cosa de cuatro.

Ahora que la hemos democratizado, Beatriz dice que el elefante de la salud mental de las personas creadoras ya no cabe en la habitación. Hemos hablado de Rosa Montero y del peligro de estar cuerdas.

A Santiago le han dado la concesión de un teatro de barrio y está buscando espectáculos para llenarlo e ideas para producirlas. Habla de cultura para la gente y de brechas de acceso a los espectáculos. Me ha ganado con eso.

Daniel dice que, oye, que si la gente no quiere ir a un concierto de música clásica aunque se lo pongas en la puerta de su casa, está en todo su derecho. Hay que reivindicar más el derecho a que te importe un bledo el arte (y la ciencia, ha dicho mi mente deformada) y eso no puede ser excusa para dejar de crear proyectos culturales (y de ciencia, me ha soplado otra de mis neuronas).

Y es que después de dos días infiltrada en Pública 24, me doy cuenta de que aquel viejo lema de la AEC2 “Sin ciencia no hay cultura” son “los evangelios”. No ha habido una sola conversación (en el escenario, en los pasillos y hasta en la cola del baño) en la que no haya reconocido situaciones, problemas, inquietudes e ilusiones de quienes trabajamos en esto de contar la ciencia. Lo pensé al oír a Óscar Becerra, Alejandra Silvestre, Manuel Borja y Pablo Berástegui (ay, nuestros ratos de Ciencia en Redes en La Casa Encendida) hablar de cómo construir espacios culturales desde lo cualitativo y no solo echando cuentas de cuántas personas los visitan. Casi lloro al reconocer la misma precariedad en el alegato en favor del estatuto del artista que hizo Alberto Conejero al conocer los datos sobre el sector que presentó Anna Villarroya.  Sueldos de miseria, inestabilidad, incertidumbre laboral… ¿sigo o les va sonando?

Las palabras, las narrativas, el relato… ha habido mucho de eso en Pública 24. Gloria Oyarzabal, Tania Safura y Valika Smeulders y sus discursos sobre la decolonización cultural me recordaron las discusiones que a menudo tenemos en los debates sobre ciencia ciudadana y la necesidad de abandonar para siempre el paternalismo y la condescendencia de la academia cuando diseñamos proyectos con los que queremos propiciar la participación real de la ciudadanía. La horizontalidad es la única postura para crear cultura y conocimiento, o eso nos dicen las experiencias de quienes trabajan de la mano de las comunidades, bien pegaditos al territorio, como contaron Daniel Broncano, Juan Sánchez y Justine Simons, desde el escenario, y como reclamó un grupo de jóvenes gestores desde el micro abierto en el Salón de Baile del Círculo de Bellas Artes, las voces críticas que reclamaban más interacción entre los popes de la cultura y quienes quieren abrirse camino; entre las instituciones y quienes emprenden; entre milennials, zetas y boomers. Agaché un poco la cabeza y pensé si en esto nuestro de la comunicación científica estaremos o no favoreciendo la intergeneracionalidad. Me pilló en el día optimista y me respondí que sí, que algo hacemos.

Así se me han pasado los dos días de Pública 24, escuchando y dejándome inspirar por un mundo que no es ni ajeno ni lejano. De hecho, se programó una mesa de debate en torno a la relación de Ciencia y Cultura, y,  aunque, como dijo Inma Aguilar, tenemos claro meridiano que son parte de lo mismo: el conocimiento humano, no está de más nombrarlo. Habrá que seguir repitiendo #SinCienciaNoHayCultura.

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