¿Sueñan los tiktokers con moscas nucleares?

¿Sueñan los tiktokers con moscas nucleares?

¿Sueñan los tiktokers con moscas nucleares?

Autora: Elena Lázaro

119 minutos es el tiempo que ha empleado el director estadounidense Oliver Stone para contar que la energía nuclear es la opción más eficiente si nos empeñamos en descarbonizar el planeta. Lo ha hecho en su último documental: Nuclear Now, premiado la semana pasada en el Festival de Cine Científico Lab Me Crazy de la Universidad de Navarra. Una película de apabulla con datos y argumentos, pero que simplifica el mensaje para hacerlo repetitivo y lograr llegar al ciudadano medio, que, según la película, se encuentra indefenso en mitad de la batalla entre pro y antinucleares sin saber muy bien dónde posicionarse.

El productor de Nuclear Now, Maximiliem Arvelaiz, que recogió el premio en nombre de Stone, dijo en Pamplona, que el objetivo del director no era ofrecer un profundo análisis político del devenir histórico de la energía nuclear, accidentes incluidos, sino conseguir que un personaje como el que interpretó “Jack Lemmon en El Apartamento entienda que la urgencia del cambio climático exige aceptar la energía nuclear como parte de la solución”. En realidad, la peli de Oliver Stone no lo plantea como UNA de las soluciones, sino como LA solución, porque, insisto, no quiere complicar al espectador, que bastante tiene con entender la historia menos naif del movimiento antinuclear (financiado, según Stone, en sus inicios por los grandes grupos petroleros) y las decisiones políticas que frenaron la construcción de nuevos reactores y desmantelaron centrales en toda Europa.

No extraña que Stone no haya querido complicarse la vida más de lo que lo hace. La competencia es dura en el universo de la simplificación informativa. Treinta segundos dura, por ejemplo, el vídeo en el que AlbaMoreno (@fisicamr) explica a miles de seguidores en TikTok que por mucho viento que sople, las renovables no pueden producir solas toda la energía que consumimos.

Cierto que la media de edad en la proyección de Nuclear Now en Pamplona no tenía nada que ver con el target del universo tiktoker. Estaba la media alta. Tanto como para que muchas de las personas presentes reconocieran a Jane Fonda en la pantalla, lo que podría, a priori, hacer pensar que lo de los productos divulgativos que duren más de 30 segundos tienen fecha de caducidad. Y yo hubiera comprado el argumento si no fuera porque en la misma sala donde se celebró el cinefórum, que es la cosa más ochentera que existe después de las hombreras y el cardado, vi caras sin arrugas y porque esa misma mañana, en ese mismo Festival, vi una sala llena de veinteañeros para escuchar una conferencia de más de una hora.

Una conferencia, la versión decimonónica del monólogo científico, pero sin chistes ni preguntas al final ni hashtag ni debates, solo setenta minutos de argumentación positivista en favor del método científico. La daba uno de los codirectores de Atapuerca, Juan Luis Arsuaga, reconocido este año con el premio “Pasión por la Ciencia”, del Museo de Ciencia de la Universidad de Navarra dentro del marco del Festival.

Una hora de divagación sobre la aportación de René Descartes y otros grandes hombres de ciencia al avance de la Humanidad, salpicada de anécdotas como la de las moscas que presuntamente inspiraron las coordenadas cartesianas. Sí, solo hombres. Que ni era 11F ni 8M. Pero ese es otro asunto (o no).

Setenta minutos en los que la chavalada no sacó el móvil (doy fe) más que para alumbrar y ver dónde quedaba un hueco. Quizás si lo hubieran hecho y el algoritmo hubiera asociado las moscas, lo nuclear y Jack Lemmon habría concluido, como sus personajes, que esto también  “es una cuestión de gustos”.

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