1 idea, 100 ideas

1 idea, 100 ideas

100-ideas-mario-bungeMario Bunge es un provocador sensato, un tipo cuya ambición es “abrir la mente, no la boca” de quien tiene enfrente, en una conversación o libro por medio. Es el más influyente de los pensadores científicos en nuestro idioma y su magisterio, extendido casi a todo lo largo de un siglo, nació en 1919, en Argentina, sigue vigente y fecundo. Acaba de aparecer, otra provocación inteligente más, el sexto de los libros que la editorial Laetoli está publicando de él, recuperando así, en la Biblioteca Bunge (http://www.laetoli.es/14-biblioteca-bunge-editorial-laetoli), sus principales obras. Y todos ellos, por cierto, a un precio excelente.

En este caso se trata de una recopilación de 100 artículos publicados en diversos medios a lo largo de muchos años. Ordenados alfabéticamente por su título, para garantizar “que estén ordenados al azar”, hablan de biología, de política, de religión, de la vida cotidiana, de la universidad y, por supuesto, de las falsas ciencias, un asunto al que presta especial atención y por el que ha destacado siempre. No en vano, el número 3 de esta colección es, precisamente, Pseudociencia e ideología.

En estas 100 ideas, nacidas con vocación de lectura rápida, Mario Bunge exprime su habilidad para decir las cosas tal cual, sin paños calientes: “Ya me lo decían mis padres, conocidos por su falta de tacto: «Marucho, no tenés tacto». Esta carencia me salvó de hacer una carrera política.” Así, sin tacto, arremete como siempre contra el psicoanálisis, contra los partidarios del pensamiento débil “esa sí que es una diferencia entre las dos clases de personas [intelectuales y futbolistas]: hay pseudointelectuales pero no hay pseudofutbolistas. Se puede fingir pensar, pero no se puede fingir pasar la pelota, defender el arco ni meter goles.” (Entre paréntesis, a Bunge le gustarían los cuentos de Eduardo Sacheri, La vida que pensamos, del cotidiano fútbol de barrio y de amigos [http://www.alfaguara.com/ar/libro/la-vida-que-pensamos/]. Muy recomendable también para cualquiera al que le guste leer.) Y continua, en ese mismo artículo, Bunge: “Hay quienes como Hegel, Husserl, Heidegger y Derrida han alcanzado fama por ser incompresibles.”

Otra perla de falta de tacto, hablando de política y políticos en Argentina: cuando llegó el peronismo “La nueva clase política era mucho menos culta que la vieja, pero estaba más cerca del pueblo, aunque lo traicionara con igual intensidad y frecuencia. Así como el conservadurismo fue sustituido por el populismo, el fraude electoral fue sustituido por el fraude ideológico”. Y, por supuesto, muchas de estas notas tienen que ver con la ciencia, el campo natural en el que se ha desenvuelto el pensamiento y la obra de Mario Bunge. Y, además, nos da una definición de periodista que puede aplicarse, y exigirse, ¡ay! a quienes se dedican a la comunicación de la ciencia: “El buen periodista adopta, pues, una actitud neutral y sobria, tan realista como escéptica.” Y termina así: “En resumen, el buen periodista, como el buen científico, hace buena filosofía sin proponérselo. No la explica ni predica, pero la vive. Y sirve al público en la medida en que la vive.”

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