Celebrando a Moncho Núñez

Celebrando a Moncho Núñez

El sábado 22 de marzo, en una cena en la que le rendimos homenaje, la AECC concedió a Moncho Núñez la categoría de socio de honor. Unas 50 personas venidas de Galicia, Navarra y otros lugares, algunos miembros de la Asociación y otros no, todos interesados en el mundo de la divulgación de la ciencia y agradecidos a Moncho por sus años de dedicación, quisimos testimoniarle nuestra gratitud y nuestro cariño. Núñez, que se acaba de jubilar como director del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología, seguirá siendo un referente para todos nosotros porque, con toda seguridad, seguirá ejerciendo su magisterio a través de la prensa, en la redes sociales y asesorando a su antigua casa, tal y como le solicitó Marian del Egido, su sustituta al frente del Muncyt.

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Los colegas del mundo de la comunicación de la ciencia hemos querido testimoniarle nuestro cariño y nuestro agradecimiento tras tantos años dedicado a tratar de convertir el mundo en un lugar mejor. Ciencia es cultura es un lema que puede definir su trayectoria.

Moncho Núñez, La Coruña, 1946, licenciado en Ciencias por la Universidad de Santiago de Compostela y Master of Arts en Enseñanza de las Ciencias por New York University, siempre se inclinó, desde el mundo de la enseñanza, hacia la divulgación de la ciencia. En 1985 creó, cuando trabajaba en el Ayuntamiento de su ciudad natal, el primero de los tres museos de ciencia que consiguió levantar allí, la Casa de las Ciencias, a la que siguieron la Domus y el Aquarium Finesterrae, dirigiendo, hasta el 2008, todos ellos. Ha escrito centenares de artículos de divulgación en diferentes medios de comunicación y varios libros, entre ellos Nombres comunes, visiones propias: Diccionario heterodoxo (1996), Tocar, pensar, sentir, soñar (2005), Esta es mi gente (2007) y Un científico en la cocina (2007). También ha escrito los guiones y dirigido la creación de muchas exposiciones científicas y de programas para planetarios.

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Desde la atalaya de los museos científicos coruñeses, mc2, se ha distinguido siempre por su dedicación entusiasta a la promoción de la información y la divulgación de la ciencia, creando, entre otras iniciativas, los prestigiosos Premios Prisma que el ayuntamiento de La Coruña sigue otorgando cada año a destacados comunicadores científicos. Su magisterio se ha extendido también con su colaboración en la creación de diversos museos de ciencia españoles, como el de Valencia, el de Granada y otros.

Su último puesto de trabajo, como director del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología, ha servido para demostrar que poner en pie una instalación de comunicación de la ciencia exitosa y brillante es posible, al haber conseguido inaugurar la sede del Muncyt en La Coruña.

En las palabras que dijo para cerrar el acto, decidió no hablar de ciencia, su gran amor, sino del amor, su gran pasión, y, fiel a su estilo de crear atmósferas e imágenes para provocar sentimientos, recitó El embargo, un poema de José María Gabriel y Galán, que dice así:

Señol jues, pasi usté más alanti
y que entrin tos esos,
no le dé a usté ansia
no le dé a usté mieo…

Si venís antiayel a afligila
sos tumbo a la puerta. ¡Pero ya s’ha muerto!

¡Embargal, embargal los avíos,
que aquí no hay dinero:
lo he gastao en comías pa ella
y en boticas que no le sirvieron;
y eso que me quea,
porque no me dio tiempo a vendello,
ya me está sobrando,
ya me está gediendo!

Embargal esi sacho de pico,
y esas jocis clavás en el techo,
y esa segureja
y ese cacho e liendro…

¡Jerramientas, que no quedi una!
¿Ya pa qué las quiero?
Si tuviá que ganalo pa ella,
¡cualisquiá me quitaba a mí eso!
Pero ya no quio vel esi sacho,
ni esas jocis clavás en el techo,
ni esa segureja
ni ese cacho e liendro…

¡Pero a vel, señol jues: cuidaíto
si alguno de ésos
es osao de tocali a esa cama
ondi ella s’ha muerto:
la camita ondi yo la he querío
cuando dambos estábamos güenos;
la camita ondi yo la he cuidiau,
la camita ondi estuvo su cuerpo
cuatro mesis vivo
y una nochi muerto!

¡Señol jues: que nenguno sea osao
de tocali a esa cama ni un pelo,
porque aquí lo jinco
delanti usté mesmo!
Lleváisoslo todu,
todu, menus eso,
que esas mantas tienin
suol de su cuerpo…
¡y me güelin, me güelin a ella
ca ves que las güelo!…

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