El error y la indefinición como formas de gobernar / Juan Tena

El error y la indefinición como formas de gobernar / Juan Tena

La decisión del presidente del Gobierno, José Rodríguez Zapatero, de crear un ministerio de Ciencia e Innovación plantea algunas incógnitas que se antojan difíciles de explicar, o cuya explicación responde más a un capricho que a una medida política basada en el interés nacional. Otra posibilidad es que este cambio responda a un intento de remediar errores de etapas anteriores, pero cometiendo otros, no diré más graves, pero si errores en una situación mucho más delicada y comprometida económicamente.

La primera pregunta que hay que formularse es ¿cómo es que ahora el presidente decide crear un ministerio que suprimió en la legislatura anterior dedicado a la ciencia y la innovación? ¿Acaso lo hizo simplemente por despecho hacia el gobierno anterior; acaso no creía en la conveniencia de que España tuviera un ministerio de ese tipo, quizá le aconsejaron que un ministerio de ese tipo sin competencias en educación no tenía sentido…? En fin no sabemos las verdaderas causas que motivaron aquella supresión, excepto que se volvió al viejo modelo implantado en el decenio de 1980.

Ahora podrá decir, y dirán, que las circunstancias son otras, que la economía española necesita un impulso nuevo y diferente a los anteriores. Que es necesario, como ya subrayó Zapatero, que los conocimientos científicos se materialicen industrialmente y así pueda iniciarse un nuevo ciclo donde la economía florezca sobre bases científico-tecnológicas. Pero los asesores de Zapatero, no Zapatero, olvidan una cuestión esencial, que para que florezca el desarrollo tecnológico y con él la industria de vanguardia es necesario antes disponer de una estructura científica fuerte, bien dotada y con suficientes recursos económicos. España carece de todo esto excepto de los recursos económicos, que los tiene (acorde al tamaño del sistema) sólo hace falta que alguien con criterio y autoridad se encargue de administrarlos adecuadamente e impedir el malgasto, cuya práctica impregna a todo el sistema español de I+D, desde el propio Ministerio pasando desde los máximos responsables hasta los segundos, terceros, cuartos y quintos niveles.

Sin una sólida base de investigación científica con una larga y prolongada experiencia en el tiempo culminada en un respetable número de patentes concedidas, prácticamente es imposible pretender lo que este Gobierno, manifiestamente ignorante, quiere. La I+D, como la educación o tantos y tantos proyectos políticos no son nunca para cuatro años, sino para plazos de tiempo muy superiores; plazos que por lo general abarcan varios gobierno y muchas veces de tendencia distinta.

Pero avancemos un poco más. Este nuevo ministerio, que se hace cargo además de la universidad, aunque en su título no figure, tendrá dos secretarios de estado, uno de investigación y otro de universidades. Me pregunto ¿por qué dos secretarias de estado? Justamente en un periodos en el que es exigible una moderación en el gastos, como ha aconsejado recientemente el gobernador del Banco de España. Dos secretarías de estado supone doble número de cargos intermedios: secretarios generales, directores generales y subdirectores. Todo un derroche innecesario.

Habría que preguntarse si es que acaso esto es la antigua Unión Soviética, donde para reducir las tasas de desempleo se contrataban a dos obreros para llevar una misma carretilla, cada uno de un mango ¿O es acaso para fabricar ociosos ya de por si bien pagados en momento de crisis?

Señala el Real Decreto reestructuración de este nuevo ministerio (exactamente diez líneas), que se ocupara de la I+D, del desarrollo tecnológico y de la innovación “en todos los sectores”. Habría que preguntarse si también este ministerio va a asumir las competencias en I+D que tiene actualmente el Ministerio de Defensa, y que representa una parte nada despreciable del gasto y la actividad en I+D, esencial para este país, por otro lado, pese a las extemporáneas manifestaciones en contra de políticos tan desprestigiados y poco representativos ya como Llamazares.

Parece eso si que Cristina Garmendia (la nueva ministra-empresaria) ha conseguido hacerse con el control de parte del ministerio del alquimista Soria, que ve cómo el Carlos III se le escapa de las manos. No obstante aun le queda el consuelo de que es en los grande hospitales del sistema público de salud donde más se investiga, mucho más que en el propio Instituto de Salud Carlos III.

El RD asegura igualmente que el MCI va a situar a España a la vanguardia de los países más desarrollado”, y “coordinará los OPI de titularidad estatal”. Y hay que preguntar, ¿es que hay algún OPI que no sea estatal y tenga la denominación legal de OPI? ¿Quedan en ese caso fuera de este ministerio los organismos de investigación de las CC AA? ¿Es que acaso esos organismos no son públicos y ESTATALES?
Con la estructura actual y el nuevo ministerio de Medio Ambiente, y Medio Rural y Marino (no hubiese sido más lógico y lingüísticamente más correcto decir Ministerio de Medio Ambiente, Rural y Marino), ¿que va a pasar con el IEO, por ejemplo, que es un OPI y tradicionalmente ha estado siempre entre el MEC, del que depende, y la secretaría general de Pesca, para quien trabaja, y donde en los últimos cuatro años (y antes también) se han estado haciendo la vida imposible unos a otros y entorpeciendo el normal funcionamiento del IEO.

¿Qué va a pasar con las actividades en I+D de los restantes ministerios? Las asumirá el MCI para llevar adelante a este país a las cuotas más altas de la vanguardia científica y tecnológica. Agrupara, como Ministerio de Ciencia que es, los programas de I+D de los ministerios de Presidencia del Gobierno, Economía y Hacienda, los reconvertidos de Medio Ambiente; Pesca y Alimentación; Defensa; Trabajo y Asuntos Sociales; y el MEC, ahora es su parte sólo de educación?.

Nos tememos que se ha creado un nuevo ministerio, el MCI, para llevar adelante una política que le correspondería más a un ministerio de Industria que a uno de Ciencia; una política, por otro lado, sin bases científicas de ningún tipo. Y también nos tememos que este ministerio tampoco sabrá responder a los retos científicos a los que debemos dar respuesta. Un ministerio que además sólo gestionará una parte del gastos público en I+D y que nos tememos seguirá primando los créditos de difícil justificación a la gran industria y a empresas de dudosa proyección tecnológica. En resumen más, pero peor, de los mismo.

 

 

 

 

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