Museo-sí, museo-no

Museo-sí, museo-no

El próximo 6 de mayo empieza en Zaragoza un ciclo de conferencias titulado “Museos de la Ciencia para el futuro”. En las dos últimas décadas, estos museos han ido creciendo en número y evolucionando en sus planteamientos, en una corriente divulgativa que recorre toda España. ¿Toda? Aragón cuenta con el parque temático de Dinópolis pero no con un museo de la Ciencia. Para reflexionar sobre ello, nada mejor que mirar alrededor. ¿Por qué Aragón no tiene museo de la Ciencia cuando una sola ciudad, La Coruña, tiene tres y prepara un cuarto? Granada, con un modelo de gestión que aúna en un consorcio lo público y lo privado, está a punto de inaugurar la ampliación de su Parque de las Ciencias. El Museo Príncipe Felipe de Valencia habita en el interior de un edificio singular como muchos de los que legará la Expo a Zaragoza.

Aunque el debate de “museo sí-museo no-museo cuándo-museo dónde” planea desde hace tiempo sobre Aragón, la ciudad del Ebro vive ahora un momento de oro: en vísperas de una Exposición Internacional que legará una nueva zona por inventar. La postExpo no será un vacío resacoso tras una fiesta de tres meses. La mayor parte de los edificios son permanentes y, a día de hoy, buena parte está vendida. Diversas empresas e instituciones públicas trasladarán allí sus sedes y, seguramente, también algún centro de investigación o nueva escuela universitaria se ubicará en el meandro de Ranillas. El acuario fluvial se quedará donde está, como atractiva oferta al público, al igual que un gran Palacio de Congresos que abre mil posibilidades. A ello se suman los edificios más singulares: el Pabellón Puente  y la Torre del Agua, que pervivirán, y a los que sus dueños respectivos, Ibercaja y CAI, deberán dotar de contenido y hacer latir.

Una nueva zona de la ciudad, revitalizada, céntrica, activa; con el doble filo de los megaedificios, tan singularísimos ellos a veces que complican su conversión en museo, no nos engañemos. Pero el momento es éste. Es ahora o nunca. Aunque, para que un barco del calado de un museo de la Ciencia inicie su singladura hace falta soltar antes muchas amarras. La primera, y más importante: que las instituciones públicas y privadas al máximo nivel lo consideren necesario. Un nudo que, en Aragón, lleva demasiados años apretado.

Tenemos Dinópolis, un parque temático, especializado en una sola área de conocimiento, la Paleontología, pero con dos brillantes enfoques: una fructífera investigación que parte de la propia Fundación Dinópolis y una expansión sobre el territorio, con pequeñas sedes ligadas a los yacimientos (Galve, Peñarroya de Tastavins, Rubielos de Mora, Castellote) que dinamiza una zona tan olvidada como la provincia de Teruel y hace a sus habitantes valorar su rico patrimonio.

No obstante, aun contando con esta interesante iniciativa, ¿hace falta un museo de la Ciencia en cada Comunidad Autónoma?, se preguntan por aquí. Opinen ustedes. Bajo mi punto de vista, sí. Sobre todo entendido como motor de actividad y debate y no como vitrina; con enfoques amplios pero también singulares y buscando complementariedad con los centros que ya existen. No es cuestión de mimetismo hueco respecto a lo que hacen los demás, sino que lo que ocurre, simplemente, es que sus ciudadanos se lo merecen y lo necesitan si quieren poseer una cultura que incluya a la Ciencia y que les haga más libres. Ni más ni menos.

 

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