La Astronomía. Ese inexplicablemente gancho para ciencia vetado en nuestro país

La Astronomía. Ese inexplicablemente gancho para ciencia vetado en nuestro país

Por Manuel Rodríguez de Viguri

Cuando en mayo de 2008 comenzamos con el programa de radio El Cinturón de Orión, teníamos presente la necesidad de ofrecer un espacio radiofónico, serio, de carácter científico pero que fuera ameno y entretenido. De mi tiempo de estudiante recordaba la cantidad de alumnos con los que contaban las facultades de Ciencias. En cambio, hace dos años, al fijarnos en el censo de estudiantes de ciencias universitarios descubrimos, para nuestro asombro, que el número de futuros científicos (o al menos, de titulados) había decrecido considerablemente. Aquella advertencia nos dio un aporta extra de motivación: Tenemos que dar a conocer la ciencia, pero haciéndola atractiva y sin caer en la frivolidad y en los tópicos. Dificl tarea que hoy seguimos tratando de conseguir.
A mediados de 2008 no éramos conscientes de que un estudio realizado por profesores de astronomía de la escuela de Secundaria Fletcher Meadow de Brampton (Ontario, EE UU) analizaba el interés, tanto de los chicos como chicas, por el estudio de ciencias. En este estudio se analizaban las respuestas a un sencillo cuestionario contestado por 152 estudiantes con cuestiones acerca de diversos tópicos astronómicos. Los estudiantes de noveno grado puntuaban de 0 a 3 su interés por las proposiciones, obteniéndose la conclusión de que existían muchas similitudes entre las respuestas independientemente de si el alumno era chico o chica. Ambos géneros expresaban los mismos gustos por los contenidos de la materia, sugiriendo la independencia de la materia respecto al género.

Fotografía del Cometa Halley (1986) tomada desde la estratosfera gracias al Observatorio Kuiper, a bordo de un avión de carga C-141 modificado por la NASA.

Durante el Año Internacional de la Astronomía, el pasado 2009, la organización mundial de la efeméride del 400 aniversario del uso por primera vez para la ciencia del telescopio por parte de Galileo, quiso hacer un especial hincapié en la igualdad de género. Especialmente en el ámbito profesional, es decir, en la equiparación de salarios entre las mujeres astrofísicas y los varones de la misma rama de la astronomía. Los frutos se verán en un futuro, aunque dada la idiosincrasia propia de nuestro país, no esperamos gran cosa. Máximo cuando el sentido común dice que a los profesionales se les tiene que valorar más por su capacidad de producir y bagaje que por la cuestión de su sexo.
En octubre de 1995 otro grupo de estudiantes -esta vez de un instituto de secundaria de Chicago- fueron invitados a visitar el Alder Planetarium para disfrutar de una comunicación entre el propio planetario y Kuiper Airbone Observatory (KAO) de la NASA, un sofisticado observatorio astronómico a borde un avión que los jóvenes pudieron manipular remotamente mientras la aeronave planeaba a unos 49.000 pies, es decir, en el límite de la atmósfera terrestre.
Durante el interesante y curioso evento titulado “En directo, desde la estratosfera”, los estudiantes vía internet pudieron obtener y procesar imágenes en el infrarrojo  de Júpiter, Saturno y regiones de formación de estrellas, así como trazar la posición de las estrellas, planetas y galaxias.


El avión que desde la ventana de su fuselaje permite estudiar el cielo a más de 40.000 pies del suelo.

Al margen del fin en sí mismo de la actividad, facilitar a los jóvenes un mayor entendimiento y aprecio por la ciencia, los responsables científicos de la actividad percibieron con claridad que los niños responden al estímulo de la astronomía mucho más rápido que hacia otras ciencias, según señaló James Sweitzer, adjunto a dirección del Centro para la Investigación Astrofísica de la Antártida (CARA). La meta, sobra decirlo, no era “convertir” a los bachilleres en científicos, pero sí ayudarles a estar mejor preparados para comprender la naturaleza.
Llegados a este punto, cabe la necesidad ahora de ‘poner los pies en la Tierra’ y comprender que en ambos casos comentados hablamos del segundo país del mundo con mayor dedicación relativa de su PIB dirigida la ciencia.  Así, según leo en el portal eu4journalist (la Unión Europea para periodistas), de acuerdo con la Eurostat, en los últimos años el gasto en investigación y desarrollo se ha situado en un 1.9% del PIB en Europa, mientras que en Estados Unidos es de un 2.7% y en Japón de un 3.2%. Mientras, en España, el PIB dedicado al saber científico apenas supera el 1% y bajando.

Con estos dos ejemplos y los datos económicos en la mano, quería llegar a la conclusión, si me lo permitís, de romper una lanza a favor de la astronomía como “asignatura gancho” para lograr que futuras generaciones de estudiantes universitarios apuesten, como ya lo hicieran a finales de los años 90 otras generaciones por las matemáticas, la física, la química o cualesquiera de las muchas titulaciones con contenidos científicos y humanistas (Carlos Elías Pérez) que se ofrecen en nuestro país, tal y ya como venimos haciendo desde el programa de radio todas las semanas.
Eso sí, siempre teniendo muy en cuenta que en el país de Cervantes, Larra o Espronceda, las asignaturas de astronomía no forman para nada parte del recorrido curricular de la educación básica y secundaria, ya sea pública o privada.
Para acabar, tan sólo quiero citar al Quijote en su segunda parte, capítulo VI, cuando habla de la Alquimia: “No todos los que se llaman caballeros lo son de todo en todo, que unos son de oro, otros de alquimia, y todos parecen caballeros, pero no todos pueden estar al toque de la piedra de la verdad”.
Hasta el mes de marzo, último del invierno.

Manuel Rodríguez de Viguri
www.orion.ciudaddelasestrellas.org

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