Manuel Calvo Hernando – Centenario de su nacimiento

Manuel Calvo Hernando - Centenario de su nacimiento Buenos Aires - Noviembre 1970

Manuel Calvo Hernando – Centenario de su nacimiento

Autor: Antonio Calvo Roy
Carnet periodista hacia 1949

Hoy, 18 de noviembre del 2023, hace 100 años nació en Fresnedillas de la Oliva Manuel Calvo Hernando, fundador de la AEC2. En 1962, visitando instalaciones de la NASA en Houston para escribir sobre el proyecto Apolo, le contaron que iban a construir una estación de seguimiento “en un pequeño pueblo de Madrid que usted no conocerá, Fresnedillas de la Oliva.” Se cerraba así uno más de los círculos en la vida de este periodista que sentó las bases del ejercicio del periodismo científico en 50 años de profesión.

Reportaje en revista Signo.

Otro círculo se inauguró en mayo de 1947, cuando, para hacer reportaje sobre los exámenes en la universidad para la revista Signo, en la que trabajaba entonces, se acercó a un grupo de cuatro alumnas de filosofía —hay foto del momento, de Santos Yubero, acompañando al reportaje— del que formaba parte Josefa Roy Romero, con quien se casaría en mayo de 1953. El periodismo siempre fue el jardín en el que se bifurcaron sus senderos.

Tomó otro camino en 1955, en Ginebra, cuando asistió como reportero a la primera conferencia de Átomos para la Paz, un proyecto para lanzar en el mundo la energía de origen atómico. Allí descubrió la potencia de la información científica y su importancia para la sociedad. Aunque hasta entonces había escrito, como cualquier periodista, de cualquier cosa, poco a poco su interés se dedicó en exclusiva a la información científica. En el diario Ya, en el que recorrió la escala completa de la profesión, de reportero a director adjunto, comenzó una tarea que culminaría con su doctorado, a los 75 años, y con su magisterio de la especialidad en los dos lados del Atlántico.

Carnet Ginebra 1955

Otro rasgo esencial de su carácter, además del humor, era el optimismo. Queda claro, precisamente, en una carta que, desde Ginebra, envía entonces a su mujer. Tras decirle que ha escrito una crónica, “que ha quedado muy bien, empiezo hablando de Hiroshima”, le pide que se la muestre a sus hijos, “por lo menos a Juanma, el mayor, que le gustará”. Ese hijo mayor tenía entonces un año y medio y el otro, Josema, apenas unos meses. Quizá aquella temprana influencia tuvo algo que ver en que ambos fueran periodistas especializados en internacional y corresponsales.

En una España de pluriempleo, dedicaba las tardes al periódico y en las mañanas trabajaba como jefe de prensa —el mismo jardín, otro sendero— del Instituto de Cultura Hispánica, un organismo creado en 1945 para fomentar las relaciones culturales con los países al sur del río Bravo y que ahora es la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo. Eso le permitió desde 1953, pocos meses después de casarse, viajar con frecuencia a Iberoamérica. En cada viaje, como buen periodista, llevaba una libreta en la que apuntaba lo que veía, a quién veía, las entrevistas que hacía, los encuentros y las comidas. Se trata de diarios de viaje que ahora están estudiando la investigadora brasileña Luisa Massarani y su doctorando Danilo Magalhães, que ayer publicaron en The Convesation un primer esbozo de su trabajo de investigación sobre la relación de “Manolo y las Américas”. También han hecho este video, como regalo por su centenario.

En ICH dictando cartas

De la unión de ambos intereses, el periodismo científico y América, surgió una vida dedicada a unir ambos a través de viajes, congresos, cursos, seminarios, libros y envíos, muchos envíos. Gracias a la generosidad del CSIC, que puso a su disposición la estafeta de Correos de su sede central, en la calle Serrano, y que le permitió hacer los envíos sin coste, centenares de personas de aquellos países recibían artículos, conferencias, recortes y libros. Eso hacía que luego, en sus viajes, tuviera enormes colas en los vestíbulos de los hoteles esperando para charlar unos minutos con él. El CSIC le dedicó un homenaje en el 2007, el año de la ciencia, durante el IV Congreso de Comunicación Social de la Ciencia y editó un libro con palabras de muchos amigos y colegas.

Con Arístides Bastidas, Caracas 1971 I Congreso Iberoamericano de Periodismo Cientifico

Desde 1968 acariciaba la idea de crear una asociación profesional de periodistas dedicados a la ciencia, y ese año ya organizó, con el soporte del ICH, la primera reunión sobre el asunto en España. En 1971 fueron aprobados los estatutos de la entonces llamada Asociación Española de Periodismo Científico, hoy AEC2. Antes, en 1969, había creado en Medellín, Colombia, junto al periodista venezolano Arístides Bastidas, un tipo excepcional, la Asociación Iberoamericana de Periodismo Científico, que, entre otras cosas, organizó los congresos de Venezuela (1974), España (1977), México (1979), Brasil (1982), España (1990), Chile (1996) y Argentina (2000).

Durante ese periodo se produjo un progresivo deslizamiento desde el ejercicio de la profesión —que no abandonó nunca completamente— a la reflexión, aunque ya en 1965, el mismo año que organizó en Quito, Ecuador, el primer curso de la especialidad en la región, publicó su primer libro de pensamiento sobre el asunto, El Periodismo Científico.

Quito, Ecuador, 1965 Primer seminario Hispanoamericano de periodismo cientifico
21-4-1964 Cigarral de Marañon Toledo

Normalmente la tesis doctoral es el inicio de la carrera, pero en el caso de Calvo Hernando fue más bien el colofón. La leyó en el año 1999, a los 75, y la sesión de defensa fue más parecida a un homenaje que a un examen. Como en estos actos académicos cada miembro del tribunal ha de ir dos dedos más allá del anterior en sus comentarios y dado que el primero había empezado colocando el elogio muy arriba, el último se vio obligado a una intervención tan generosa como ditirámbica.  El Ciemat, en el año 2006, la publicó con el título La ciencia como material informativo.

Entrevista en San Fracisco a Owen Chamberlain, premio Nobel de Fisica en 1959

De la asociación gremial que se creó a principios de los años 70 a la actual, algo más de 50 años después, hay notables diferencias, imprescindibles para adecuarla a los tiempos. En un momento determinado, por ejemplo, se sustituyó el término periodismo por el de comunicación, para tener una asociación más inclusiva en la que cupieran no solo los periodistas en sentido estricto sino también todas aquellas personas que desde diversos ámbitos —museos de ciencia, la investigación en general y la investigación en comunicación científica, las unidades de cultura científica, etcétera— trabajan en la difusión del conocimiento científico, eso que en los países americanos recibe el estupendo nombre de apropiación del conocimiento, algo que hubiera encantado a Manuel Calvo Hernando, que siempre concibió la comunicación de la ciencia como un ejercicio de culturización y, por esa vía, de democratización.

La vitalidad de la actual AEC2, tras la estupenda presidencia de Elena Lázaro y ahora, con Marcos Pérez, es el mejor ejemplo de que, tal y como dijo de sí mismo Odón de Buen —nacido también un 18 de noviembre— “no sembré en arenales estériles”. Medio millar de personas asociadas, de las más diversas especialidades y capaces de hacer información científica y divulgación por todos los medios, la inmensa mayoría impensables hace 50 años, y desde todos los frentes para todos los públicos, son la mejor muestra de la fecunda semilla de Manuel Calvo Hernando.

Manuel Calvo Hernando - Centenario de su nacimiento
Manuel Calvo Hernando hacía 1983

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