Por Marina Limiñana Gregori
¿Por qué alguien como yo, con mis años de rodaje en comunicación científica institucional y en organización de eventos de divulgación científica, iba a aprovechar el webinar ‘Como informar del cambio climático’ que ofreció José Miguel Viñas a los asociados de AEC2? Pues porque la ciencia “avanza que es una barbaridad” y, como expuso el meteorólogo y divulgador científico, hay datos que es importante conocer.
Acabó de convencerme con su sentencia “para comunicar bien hay que conocer bien el tema y es un fenómeno que está continuamente cambiando“. Además, Viñas ha señalado cómo la información meteorológica está ocupando una franja muy amplia en los medios, sobre todo en los digitales. Detalló que el nivel de difusión ha cambiado en los medios hoy en día. En este sentido, ha hablado del valor de los artículos de opinión, de la fidelización que la radio logra gracias a los podcasts, de la diseminación que las redes sociales, como extensores de otros medios como la televisión, son en la actualidad.
No es lo mismo el tiempo que el clima
El meteorólogo comenzó haciendo notar la distinción entre los conceptos tiempo y clima, que es muy común confundirlos, si bien son diferentes. El primero es el estado de la atmósfera en un sitio particular durante un corto periodo y al hablar de clima nos referimos al patrón atmosférico de un sitio durante un periodo largo. Es básico, sí, pero hay que sentar primero esta base para proseguir la charla.
Fundamental es también la elección sobre la línea de divulgación por la que se va a optar: si se escoge el nivel básico o escolar o si se opta por el nivel avanzado, donde se va a hacer uso de tecnicismos.
Viñas ha dado un repaso a los diferentes fenómenos meteorológicos extremos, que son cada vez más devastadores y que son debido a la quema de combustibles fósiles. La atmósfera está muy conectada con los océanos y se está desequilibrando; el mar se está calentando, acelerando el deshielo en los polos. De ahí la llegada de estos cambios extremos últimos, como el caso de las danas. Unos sucesos que afectan a todo, agricultura, tecnología, transporte, industria, y en todo el mundo. Y, por supuesto a la salud de las personas. Sobre el fenómeno dana recomienda lectura: el último número de la revista Muy Interesante, que lo trata.
Otra de las informaciones relevantes que lanzó y que, sin duda, nos pondrán en alerta para siempre es que el cambio climático en la Tierra tiene una singularidad distinta a los de otras épocas y es su origen antrópico; que se está acelerando en los tres o cuatro últimos años, particularidad que da sentido a hablar de una emergencia climática.
Adaptación rápida
Por todo esto, continuó Viñas, los seres humanos hemos de adaptarnos de una forma rápida. Aquí se me encendieron las alarmas en la masa gris y se agolparon en mi cabeza todos esos titulares sobre noches tropicales que se han ido sucediendo día tras día y semana tras semana en los medios locales de mi Alicante natal. Que, por si no lo sabéis quienes me leéis, Alicante ha registrado en 2025 un récord histórico con más de 100 noches tropicales, con mínimas superior a 20º C, confirmando una clara tendencia al alza del calor nocturno.
Estas noches cálidas, que a menudo superan los 25º C, llamadas noches tórridas, se han intensificado por el cambio climático, extendiéndose desde mayo hasta incluso febrero. Y añado también de mi propia cosecha, los datos están disponibles en la web del Laboratorio de Climatología de la UA, que dirige el catedrático Jorge Olcina. Recopila las temperaturas diarias por localidades, con, llamémoslo, “profusión” de noches tropicales en verano de 2025. Hemos pasado de unas 15 noches tropicales en los años 80 a superar el centenar en 2025. Solo de pensarlo mi cuerpo lo revive y sufre.
“Los datos son aplastantes”, sentenciaba Viñas. Solo hay que mirar la página del Programa Copernicus, que ofrece servicios de información basados en datos satelitales de observación de la Tierra y datos in situ, para comprobar la realidad: que hemos llegado ya al grado y medio de subida de temperatura que se había propuesto como límite máximo al que llegar de aquí a fin de siglo XXI. “Irnos a dos o tres grados más va a aumentar los impactos, dificultando seriamente la adaptación”, ha concretado.
Romper la polarización y no enfrentarse a negacionistas
Inevitablemente, el divulgador ha dedicado un espacio en el webinar para tratar el asunto del negacionismo. Los negacionistas, ha dicho, “están sobre todo en el mundo digital… El negacionismo se ha convertido en un freno…Es importante conocer qué está pasando, tener claro el marco climático y poder explicar bien la aportación que cada estudio está haciendo al cambio climático”. Ha destacado la marcada polarización política, lo alejados de la ciencia que están, la dicotomía actual. Pero para plantear la pregunta “¿qué hemos hecho mal para llegar a este punto?” y abrirnos a las posibilidades sobre cómo hacer frente a este problema, “tenemos que romper esa polarización”, sentenciaba.
Eso sí, nunca argumentar contra los negacionistas cara a cara. Viñas ha repasado los bulos y sus falsos argumentos: sobre el sol y su energía, los volcanes, las olas de calor, los ciclos naturales, aquello de que los modelos climáticos no aciertan. En este punto, el comunicador ha puesto el ejemplo del estudio sobre el clima encargado en los años setenta por varias compañías petroleras, como Shell y Exxon, prediciendo con sorprendente exactitud la evolución de la temperatura global y el impacto del CO2. Parece ser que atinaron bastante, ha afirmado.
Para el especialista, estamos en un punto que abre dos frentes: combatir el negacionismo y frenar la concentración de gases a la atmósfera.
Claves para comunicar
Para concluir, y desde su experiencia, Viñas ha dado unas cuantas claves a seguir: la fidelización de la audiencia, creando espacios fijos en plataformas donde se generen estos contenidos; la divulgación, a modo de explicación sencilla y entendible; el uso de gráficos para presentar los datos; acudir siempre a fuentes contrastadas y fiables, como AEMET, Copernicus o Meteored; valorar la opinión de un experto o experta; analizar las causas, los impactos y las soluciones, yendo un poco más allá, y comentar las soluciones; y, sobre todo, tener claros los conceptos de cambio climático.
En este punto recomienda tener a mano un diccionario de cambio climático, como el que acaba de publicar de su autoría en Alianza Editorial, Diccionario meteorológico y climático. Pero, además, construir historias atractivas; tener un buen tratamiento de la información con los impactos que eso genera; conectar el cambio climático con realidades, como los 40 grados antes de acabar el curso escolar; renunciar a falsos debates entre divulgador de cambio climático con negacionistas; no irse a los extremos; no culpabilizar a la ciudadanía; desmentir bulos y fakenews. En este último punto, aseguraba, “estamos ante el mayor reto al que jamás nos hemos enfrentado”.
Y una última y muy certera recomendación, en relación a los episodios extremos, que están siendo cada vez más frecuentes: salvaremos vidas y la adaptación al cambio climático será mejor, dice, si nos ponemos en el papel de una persona que se va a ver afectada por un fenómeno de estos y respondemos a estas preguntas: “¿qué es probable que pase? Una vez que la información le llega al ciudadano, ¿cómo le va a afectar? y ¿qué tiene que hacer para salvarse? Los medios deben tener claras, como mínimo, las respuestas a la primera y la segunda pregunta.

