Carta a un amigo

Carta a un amigo

El otro día me escribió un amigo a propósito de una reseña de libros sobre Darwin que apareció aquí, en nuestro cuaderno de notas. Libro de una historiadora inglesa que no le atañe demasiado por cuanto a él le interesan mucho más otros aspectos de la vida de Darwin, como “sus testimonio más auténticos -en vivo y en directo- que publicó el protagonista sobre su Viaje alrededor del mundo, varios años antes de difundir su teoría científica”. Pero este amigo mío no me peguntó mi opinión sobre este u otro libro acerca del señor Darwin, del que no soy ningún experto, sino de un comentario que yo había hecho al texto aparecido. Después de la sorpresa de que alguien hubiese leído esa breve nota mía y que además me pidiera una ampliación acerca del trasfondo de lo que realmente quería decir, le respondí casi de inmediato, y no tan lacónicamente como suelo hacer habitualmente. He aquí mi carta.

 

 

Estimado amigo:

 

Espero que al recibo de esta estés bien, yo bien gracias a Dios y a la vacuna de la Gripe A.

 

Paso a responder a tu escrito. Ésa anotación mía, sobre la que me preguntas [ver comentario al texto Darwin, su biografía y el periodismo científico] viene a cuento de que soy contrario, enemigo, de la “divulgación científica” y favorable y amigo del periodismo dedicado a la cencía y la tecnología.  La lectura de este tipo de libros como de cualesquiera otro, por eso hablo de 2666 de  Bolaño, sirve para uno mismo, es decir para conocer, reconocer y entender el mundo que a cada uno de nosotros nos rodea, no para utilizar como fuente de información para otros, que es exactamente lo que se hace. Explicar todo ese caudal de conocimientos que guarda un libro es divulgar; escribir de lo que supone en nuestra vida diaria la ciencia y la tecnología es informar. Lo primero sirve para aplacar, distraer, como hace la televisión, lo segundo sirve para remover, cuestionar, estimular el interés por lo que nos está ocurriendo y crear opinión. La divulgación científica es, amigo mío, el peor enemigo de la ciencia. Además tú lo dices en tu mensaje, no sé si con el mismo sentido que yo o distinto:”…está fuera de mi área de interés periodístico, en comparación al testimonio más auténtico que publicó el protagonista sobre su “Viaje alrededor del mundo…”

 

La fiebre por la divulgación científica en mi país y sus efectos son perfectamente asimilables a los de esos programas basura que tan en boga están ahora en la televisión española. Imagino que igual que sucede en otro países; es un cáncer que ataca a los países desarrollados y semidesarrollados, pero que no está entre las preocupaciones de los países subdesarrollados. Pues bien, esa corriente, mayoritaria entre mis colegas están logrando que aborrezca todo este mundo miserable en el que se utiliza la parte de la ciencia más “idílica” y por tanto “más facilona” para despreciar lo que realmente tiene importancia: cómo influye la ciencia en nuestro actual desarrollo. ¿Qué tipo de ciencia estamos haciendo? ¿Por qué la ciencia sólo llega a unos pocos? ¿Por qué el término globalización es un término vacio, falso y tras el cual se tapa la desgracia de las tres cuartas partes o más de la población mundial: dónde está la ciencia para todas estas personas condenadas a la muerte antes de haber visto las primeras luces del sol?… Todas estas son preguntas que la divulgación científica no se planta y, por lo tanto, no puede responder. Amigo mío, la divulgación se mueve en un mundo limitado a dos dimensiones: largo y ancho; en ese mundo falta la tercera dimensión: el alto; dimensión que da forma al espacio, volumen, lo que permite que existan los lugares de cada cosa, de cada hombre con sus circunstancias. Eso es exactamente lo que le falta a ese artificio, a ese bodrio, a esa contracultura que llaman “divulgación científica”.

 

Estimado amigo, espero y deseo que esto responda con creces a tu pregunta.

 

 

 

Saludos

 

juantena

 

 

 

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